Un deseo constante

Tengo los pulmones impregnados de sal
y las mareas vivas de septiembre

recorriéndome incansables,
las entrañas.

Llevo el temblor del paso del tiempo en la sangre
y el temor apuntalando mi espalda.

Algo de inmensa huida

que de vez en cuando,
me araña el alma,
sucumbe a su propio instinto
y como viento desatado,

se estrella.

Llevo las ganas de coger aire suspirando junto a las tuyas,
a merced del vuelo de tus dedos,
de tu maldita marea.
Un respirar suave que al cerrarse los ojos,

al caerse los párpados,
al gritarle a los abismos,
implora en los tuyos ese lento abrir y cerrar de labios

que acelera el latido hasta no poder.
Ahora ya sabes lo que duele el vacío tras la piel.


Lo cierto amor,
es que aquel día tembló tanto la tierra,
quemaste tanto en cada lágrima
que cayeron contigo mis rodillas.
Rompí a llorar sin derramar gota
y ahora te llevo sangrante,
fresca y nueva
como rompe en la orilla la vida.
Incansable. 
Inagotable.
Y ante eso, nadie.
Para qué certezas.
Si allí donde fuiste, eres y me haces,
doliste tan justamente aquel instante,
que se abrió en mi corazón una herida insalvable.
Un mar de dudas.
Un deseo constante.

Que valga la pena.
Que el amor nos salve en vida.
Y que nunca muera,
ni el vaivén de las olas.
ni los infinitos intentos del océano
por besar la arena.



Mai Alonso- Un deseo constante

Una Marca Personal de