Sol que ya no ardes

  

Has llenado de aire mi boca, 

de posibilidades mis oídos 

y aquí estamos ahora,

siendo encuentro a media voz

perdidos entre caricia y caída

entre piel y hoja.

 

Atrás quedó el ciprés

 inclinándose melancólico ante nuestros pasos.

La sombra alargada de los días huecos

que se nos colaron tras la piel, 

que respiramos sin esperanza, 

sin historia, sin poesía.

 

Pero ahora no. 

Ahora corremos por delante

 de las líneas de nuestras manos. 

Ahora perseguimos como locos insaciables 

ser ese tango que nunca hemos bailado. 

El deseo de encontrarnos.

El temblor.

El orgasmo de la vida.

El grito y el despertar en mi.

El paseo desde mi boca hasta tu ombligo.

El vuelo a dos besos del suelo, 

siempre tú, 

mi polvo de estrellas

brillando y sin luz. 

 

 

Has llegado

—y contigo—

sol que ya no ardes,

 este atardecer hoy tan mío

tan lleno de hojas secas, 

de esta serenidad improvisada 

de un calor que no quiere acabarse, 

 se agarra a mi pelo 

se aferra a la posibilidad hecha jirones.

Quiere quedarse, 

respirar y nutrirse del crujir de las huellas del camino 

del crepitar de dos bocas que al rozarse 

incendian todos los destinos.

 

Has dejado que la sombra y la rama,

dibujen la herida del ayer.

 Despierten mi memoria, 

me arañen lo justo,

y lo justo entreabra la palabra,

el aliento, la confianza. 

Para decirte, amor,

que si vas a romper el silencio,

sé cómo el viento. 

Hazlo con ruido

Rasga el rojizo cielo de mis labios.

Susúrrame el otoño por la espalda,

hasta hacerme caer rendida,

hasta robarme el aliento,

hasta ser gemido en todos los vacíos,

allí donde la propia vida

 nos acaricie en todos nuestros miedos,

en todos los rincones y huecos más heridos.

 

 

Puedo verte, amor, en las voces de otra gente. 

Pero es el grito de tu boca el que quiero,

la poesía de tu piel

 la que hoy necesito.

 

Mai Alonso- Sol que ya no ardes

Una Marca Personal de