Sobre mí.

 

Desde hace años he desarrollado mi carrera profesional en el mundo de las ventas dentro del sector sanitario, especializándome los últimos años en el campo del diagnóstico y tratamiento de pacientes crónicos donde siempre el objetivo que perseguimos es ofrecer mejores soluciones diagnósticas y mejoras en los procesos terapéuticos. 

 

Las personas son siempre lo más importante. Con los años fui creyendo menos en los daños y más en las infinitas posibilidades. Creo en el amor por encima de todo, creo en esa fuerza que nos lleva o nos acerca allí donde queremos estar. El amor me llevó a muchos destinos, pero sin duda al más enriquecedor y en el que aún aprendo cada día, el de ser madre. 

 

Así que con el tiempo, descubrí que la vida está llena de momentos muy difíciles pero también preciosos, y que nosotros, todos, estamos hechos de historias y llenos de amor.

 

La mía, mi historia, aún se está escribiendo, al igual que la tuya. Creo que me licencié en Biología para entender mejor la vida y me aferro a mis pasiones más artísticas para comprender la realidad allí donde la ciencia y sus limitaciones no llegan, para compartir belleza y emociones, sentimientos que a veces las palabras por si solas no alcanzar a expresar.

 

Desde entonces vivo en voz alta y alimento la curiosidad que siento por vivir el aquí y ahora de la forma más bonita que podría encontrar: Compartiendo. 

 

Así fue como creé FELIZ HOY, ese lugar donde hacer también tuyo todo aquello que nos inspire una emoción, un sentimiento, un lugar donde ser y estar, donde la felicidad al igual que la ilusión y como siempre digo, huelen a café recién hecho por las mañanas. A flores recién cortadas. A una caricia. A un beso. A una palabra. 

 

Siento, luego existo. 

 

Sobre mí.

 

Desde hace años he desarrollado mi carrera profesional en el mundo de las ventas dentro del sector sanitario, especializándome los últimos años en el campo del diagnóstico y tratamiento de pacientes crónicos donde siempre el objetivo que perseguimos es ofrecer mejores soluciones diagnósticas y mejoras en los procesos terapéuticos. 

 

Las personas son siempre lo más importante. Con los años fui creyendo menos en los daños y más en las infinitas posibilidades. Creo en el amor por encima de todo, creo en esa fuerza que nos lleva o nos acerca allí donde queremos estar. El amor me llevó a muchos destinos, pero sin duda al más enriquecedor y en el que aún aprendo cada día, el de ser madre. 

 

 

Así que con el tiempo, descubrí que la vida está llena de momentos muy difíciles pero también preciosos, y que nosotros, todos, estamos hechos de historias y llenos de amor.

 

 

La mía, mi historia, aún se está escribiendo, al igual que la tuya. Creo que me licencié en Biología para entender mejor la vida y me aferro a mis pasiones más artísticas para comprender la realidad allí donde la ciencia y sus limitaciones no llegan, para compartir belleza y emociones, sentimientos que a veces las palabras por si solas no alcanzar a expresar.

 

Desde entonces vivo en voz alta y alimento la curiosidad que siento por vivir el aquí y ahora de la forma más bonita que podría encontrar: Compartiendo. 

 

Así fue como creé FELIZ HOY, ese lugar donde hacer también tuyo todo aquello que nos inspire una emoción, un sentimiento, un lugar donde ser y estar, donde la felicidad al igual que la ilusión y como siempre digo, huelen a café recién hecho por las mañanas. A flores recién cortadas. A una caricia. A un beso. A una palabra. 

 

 

 

Siento, luego existo. 

 

Sobre mí.

 

Desde hace años he desarrollado mi carrera profesional en el mundo de las ventas dentro del sector sanitario, especializándome los últimos años en el campo del diagnóstico y tratamiento de pacientes crónicos donde siempre el objetivo que perseguimos es ofrecer mejores soluciones diagnósticas y mejoras en los procesos terapéuticos. 

 

Las personas son siempre lo más importante. Con los años fui creyendo menos en los daños y más en las infinitas posibilidades. Creo en el amor por encima de todo, creo en esa fuerza que nos lleva o nos acerca allí donde queremos estar. El amor me llevó a muchos destinos, pero sin duda al más enriquecedor y en el que aún aprendo cada día, el de ser madre. 

 

 

Así que con el tiempo, descubrí que la vida está llena de momentos muy difíciles pero también preciosos, y que nosotros, todos, estamos hechos de historias y llenos de amor.

 

 

La mía, mi historia, aún se está escribiendo, al igual que la tuya. Creo que me licencié en Biología para entender mejor la vida y me aferro a mis pasiones más artísticas para comprender la realidad allí donde la ciencia y sus limitaciones no llegan, para compartir belleza y emociones, sentimientos que a veces las palabras por si solas no alcanzar a expresar.

 

Desde entonces vivo en voz alta y alimento la curiosidad que siento por vivir el aquí y ahora de la forma más bonita que podría encontrar: Compartiendo. 

 

Así fue como creé FELIZ HOY, ese lugar donde hacer también tuyo todo aquello que nos inspire una emoción, un sentimiento, un lugar donde ser y estar, donde la felicidad al igual que la ilusión y como siempre digo, huelen a café recién hecho por las mañanas. A flores recién cortadas. A una caricia. A un beso. A una palabra. 

 

 

 

Siento, luego existo. 

 

Sobre mí.

 

Desde hace años he desarrollado mi carrera profesional en el mundo de las ventas dentro del sector sanitario, especializándome los últimos años en el campo del diagnóstico y tratamiento de pacientes crónicos donde siempre el objetivo que perseguimos es ofrecer mejores soluciones diagnósticas y mejoras en los procesos terapéuticos. 

 

Las personas son siempre lo más importante. Con los años fui creyendo menos en los daños y más en las infinitas posibilidades. Creo en el amor por encima de todo, creo en esa fuerza que nos lleva o nos acerca allí donde queremos estar. El amor me llevó a muchos destinos, pero sin duda al más enriquecedor y en el que aún aprendo cada día, el de ser madre. 

 

 

Así que con el tiempo, descubrí que la vida está llena de momentos muy difíciles pero también preciosos, y que nosotros, todos, estamos hechos de historias y llenos de amor.

 

 

La mía, mi historia, aún se está escribiendo, al igual que la tuya. Creo que me licencié en Biología para entender mejor la vida y me aferro a mis pasiones más artísticas para comprender la realidad allí donde la ciencia y sus limitaciones no llegan, para compartir belleza y emociones, sentimientos que a veces las palabras por si solas no alcanzar a expresar.

 

Desde entonces vivo en voz alta y alimento la curiosidad que siento por vivir el aquí y ahora de la forma más bonita que podría encontrar: Compartiendo. 

 

Así fue como creé FELIZ HOY, ese lugar donde hacer también tuyo todo aquello que nos inspire una emoción, un sentimiento, un lugar donde ser y estar, donde la felicidad al igual que la ilusión y como siempre digo, huelen a café recién hecho por las mañanas. A flores recién cortadas. A una caricia. A un beso. A una palabra. 

 

 

 

Siento, luego existo. 

 

Sobre mí y la poesía. 

 

Reconozco que no soy de blanco y negro, como si el extremo me pareciese punzante, injusto, a sabor a vencido, a ganado a capricho y como si esa ausencia de matices, me recordase que a veces la felicidad está de luto, los pájaros enmudecen, el sol se apaga y en algún lugar, hay siempre alguien que muere.

 

Tengo tendencia a la dulce nostalgia, a creer en su elegancia y sabiduría, en su modo de sobrevolar el recuerdo y aún así quedarse siempre dentro, en la cadencia del latido, en su inspiración, en el amor que guarda cada suspiro roto y lento.

 

Si te acercas, verás que duelo, acaricio y tiemblo.

 

Lo admito. Como el aliento que te arranca la ropa y te recorre la piel, vivo algo viciada a esa sensación de protección que me da la soledad no impuesta, a la libertad de volar en mis propios sueños y a la ternura sobrecogida en el pecho que siempre acompaña a quienes tiemblan de pie.

 

Sé que a pesar de pelear de rodillas las peores batallas, las mejores las bailaría descalza y sin aliento, con la sonrisa bien sujeta y a modo de plegaria.

El dolor se lleva en el alma pero la felicidad se lleva también en la mirada.

 

Hablemos de quiénes somos cuando somos el aliento de lo que respiramos, las emociones que creamos, de esa quietud que baila en nuestros corazones a la luz de esos silencios que,

como las flores,

gritan y susurran,

SI QUIERO.

 

 

Te espero aquí, a este lado del amor en el que podemos convertir cada triste final, en un comienzo inspirador.

 

Sobre mí y la poesía. 

 

Reconozco que no soy de blanco y negro, como si el extremo me pareciese punzante, injusto, a sabor a vencido, a ganado a capricho y como si esa ausencia de matices, me recordase que a veces la felicidad está de luto, los pájaros enmudecen, el sol se apaga y en algún lugar, hay siempre alguien que muere.

 

Tengo tendencia a la dulce nostalgia, a creer en su elegancia y sabiduría, en su modo de sobrevolar el recuerdo y aún así quedarse siempre dentro, en la cadencia del latido, en su inspiración, en el amor que guarda cada suspiro roto y lento.

 

Si te acercas, verás que duelo, acaricio y tiemblo.

 

Lo admito. Como el aliento que te arranca la ropa y te recorre la piel, vivo algo viciada a esa sensación de protección que me da la soledad no impuesta, a la libertad de volar en mis propios sueños y a la ternura sobrecogida en el pecho que siempre acompaña a quienes tiemblan de pie.

 

Sé que a pesar de pelear de rodillas las peores batallas, las mejores las bailaría descalza y sin aliento, con la sonrisa bien sujeta y a modo de plegaria.

El dolor se lleva en el alma pero la felicidad se lleva también en la mirada.

 

Hablemos de quiénes somos cuando somos el aliento de lo que respiramos, las emociones que creamos, de esa quietud que baila en nuestros corazones a la luz de esos silencios que,

como las flores,

gritan y susurran,

SI QUIERO.

 

 

Te espero aquí, a este lado del amor en el que podemos convertir cada triste final, en un comienzo inspirador.

 

Sobre mí y la poesía. 

 

Reconozco que no soy de blanco y negro, como si el extremo me pareciese punzante, injusto, a sabor a vencido, a ganado a capricho y como si esa ausencia de matices, me recordase que a veces la felicidad está de luto, los pájaros enmudecen, el sol se apaga y en algún lugar, hay siempre alguien que muere.

 

Tengo tendencia a la dulce nostalgia, a creer en su elegancia y sabiduría, en su modo de sobrevolar el recuerdo y aún así quedarse siempre dentro, en la cadencia del latido, en su inspiración, en el amor que guarda cada suspiro roto y lento.

 

Si te acercas, verás que duelo, acaricio y tiemblo.

 

Lo admito. Como el aliento que te arranca la ropa y te recorre la piel, vivo algo viciada a esa sensación de protección que me da la soledad no impuesta, a la libertad de volar en mis propios sueños y a la ternura sobrecogida en el pecho que siempre acompaña a quienes tiemblan de pie.

 

Sé que a pesar de pelear de rodillas las peores batallas, las mejores las bailaría descalza y sin aliento, con la sonrisa bien sujeta y a modo de plegaria.

El dolor se lleva en el alma pero la felicidad se lleva también en la mirada.

 

Hablemos de quiénes somos cuando somos el aliento de lo que respiramos, las emociones que creamos, de esa quietud que baila en nuestros corazones a la luz de esos silencios que,

como las flores,

gritan y susurran,

SI QUIERO.

 

 

Te espero aquí, a este lado del amor en el que podemos convertir cada triste final, en un comienzo inspirador.

 

Sobre mí y la poesía. 

 

Reconozco que no soy de blanco y negro, como si el extremo me pareciese punzante, injusto, a sabor a vencido, a ganado a capricho y como si esa ausencia de matices, me recordase que a veces la felicidad está de luto, los pájaros enmudecen, el sol se apaga y en algún lugar, hay siempre alguien que muere.

 

Tengo tendencia a la dulce nostalgia, a creer en su elegancia y sabiduría, en su modo de sobrevolar el recuerdo y aún así quedarse siempre dentro, en la cadencia del latido, en su inspiración, en el amor que guarda cada suspiro roto y lento.

 

Si te acercas, verás que duelo, acaricio y tiemblo.

 

Lo admito. Como el aliento que te arranca la ropa y te recorre la piel, vivo algo viciada a esa sensación de protección que me da la soledad no impuesta, a la libertad de volar en mis propios sueños y a la ternura sobrecogida en el pecho que siempre acompaña a quienes tiemblan de pie.

 

Sé que a pesar de pelear de rodillas las peores batallas, las mejores las bailaría descalza y sin aliento, con la sonrisa bien sujeta y a modo de plegaria.

El dolor se lleva en el alma pero la felicidad se lleva también en la mirada.

 

Hablemos de quiénes somos cuando somos el aliento de lo que respiramos, las emociones que creamos, de esa quietud que baila en nuestros corazones a la luz de esos silencios que,

como las flores,

gritan y susurran,

SI QUIERO.

 

 

Te espero aquí, a este lado del amor en el que podemos convertir cada triste final, en un comienzo inspirador.