Reminiscencia

 

A veces no llego a alcanzarte,

tocarte,

hacerte mía.

Y mis manos no te llegan

pero tu luz de pronto y contra todo

resbala por mi espalda

se enreda en mi cintura, 

recorre infinita mis piernas 

y susurra e invoca al deseo,

deshaciéndose en gemidos 

por mi nuca. 

 

Eres de esos, y recuerdos. 

De luces y sombras. 

El escalofrío, 

es ese tiempo en el que 

piel y razón se confunden,

el instante que llena la falta de luz de este invierno,

que abriga la emoción erizada previo tú.

 

Lo cierto es, 

que llevo el amor desbocado, 

—infinito, libre y sin montura—

grabado en la piel.

Y solo soy donde siento

cuando la emoción me sacude el cuerpo.

Allí donde también tú.

Allí donde vuelo.

Allí donde la vida se agita,

donde tiemblo y tambaleo,

donde reflejo y ternura 

se clavan desafiantes en mi cuerpo.

 

Hemos roto el silencio. 

Y cómo explicarte que si me muerdes el corazón,

grito.

Que si pones tu mano en mi pecho 

si la posas en mi mejilla después,

retendrás en tus dedos mi deshielo,

detendrás las guerras,

el dolor 

y todas las tormentas.

 

Cómo explicarte,

que sonrío

que este silencio es de una felicidad cara,

que el recuerdo de sentirse vivo nunca cesa

y busca siempre qué morder,

que el instinto inunda ese vacío de lo que dejamos atrás

y ahora corres y gritas por la sangre de estas venas hasta doler. 

 

Cómo explicarte, 

que llevo la ternura en el pecho tatuada

a cambio de un alma de fiera no saciada.

Que llevo tus susurros pegados a mi piel

a cambio de estas ganas que sin ti,

ya no me alcanzan. 

Mai Alonso-Reminiscencia

Una Marca Personal de