Que volvamos a vernos

Pasa, corazón,

mi pecho es tu casa.

Y siente cómo llegas.

Cómo se agitan todas las tormentas en mi cuerpo 

la piel se vuelve escalofrío, 

las gotas inundan el cielo

y una canción llena el mundo de amor. 

 

Creo, en el estallido de música que dejan unos labios 

En cómo arde aquello que de verdad quema 

El olor de pólvora flotando

El humo desvaneciéndose ante la belleza y el calor

El crepitar de un corazón que late a fuego lento

hasta escuchar, 

—entre suspiros y aullidos—, 

tu voz. 

 

Creo, en la belleza que todo lo llena,

en el latido acelerado 

y en la propia combustión en el perímetro de tu boca ,

en cómo llora la pena cuando el sueño le roba la noche y sus estrellas,

en cómo brilla el faro que siempre amanece,

que nunca se apaga.

En el quejido azul del alba,

en no mirar atrás mientras siga cubriendo tu luna mi espalda.

 

Creo, firmemente.

En esta grieta que se abre y que llaman orilla.

En ti, corazón hambriento,

con sus dos mitades,

en las ganas atadas a dos manos,

pero a una sola boca.

Solo así, 

—aun cuando no me recuerdes—

me sentirás siempre quemar en la punta de la lengua. 

 

Vuela, corazón.

Ahora tu fuego se ha hecho beso. 

Y despiertas a la vida en cada grano de arena,

sin promesas. 

Más allá del renuncio,

Más allá del exilio.

Y yo, con las dos mitades del alma

con las dos alas con las que libre vuelo, 

te miro,

y por mucho que el sol queme en los párpados

que la arena escueza en la boca,

te miro fuerte a los ojos sin dolernos. 

Tú ya lo eres todo, amor. 

Por eso.

Que volvamos a vernos. 

 

 

 

 

 

 

Mai Alonso - Que volvamos a vernos

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