Mis paisajes interiores

Cae el sol,

Y tu luz de pronto y contra todo

resbala por mi espalda.

Atardeces amor,

—como la esperanza—,

 decididamente.

Y yo te busco,

en la fragilidad del temor,

en silencio y blindada de amor,

en la tibia oscuridad que la noche insinúa

en esta soledad que hoy acompañas 

y en este invierno al que con fuerza soplas,

desde que existes,

desde que eres,

desde que me vuelas

desde que llenas mis silencios,

el hueco frío de mis manos,

mis pequeñas palabras.

 

Cómo cerrar los ojos y contener estas lágrimas

cuando dentro todo es escarcha.

Cómo explicar,

que el recuerdo de sentirse vivo nunca cesa 

y busca siempre qué morder, 

que el instinto inunda ese vacío de lo que dejamos atrás

y ahora corre y grita por la sangre de mis venas hasta doler. 

Que tengo el amor hecho un nudo,

acurrucado tembloroso junto el corazón,

palpitando frágil, abandonándose al vacío como una flor que olvidó ser flor.

Cómo pronunciar,

que sus brazos me han soltado pero no sus alas,

que le he dejado el pecho abierto,

un rastro de saliva y besos,

mis costillas por refugio,

mi sed, mi hambre, mis ganas.

 

Cuentan, y no puede ser en vano,

que la esperanza guarda siempre

pájaros de alas rotas entre sus manos.

Que él llega siempre en silencio y sin buscarlo,

y de pronto la ternura echa a volar y se posa sobre la vida, 

decadente y desnuda.

Ella camina descalza sobre un manto de hojas marchitas 

y su piel arde mientras el viento la agita y la despeina.

Él sopla entre sus dedos

la caricia imposible de la que salir ilesos. 

Ella se desviste del frío,

la luz se abre en su boca,

la tierra sonríe y respira

y ellos, vuelan. 

 

Mai Alonso-- Mis paisajes interiores

Una Marca Personal de