Este frío.

 

Abriste de par en par el invierno de tus entrañas,

pusiste al sol tus heridas,

tu boca sedienta al cálido aliento,

y ahora te crecen flores entre los dedos.

 

¿Dónde está la vida cuando no la miras? 

Me preguntas dónde, 

tú, mi pequeña de frío invierno,

de alma bajo cero.

Y tus ojos solo marcan un sentido.

Contigo.

 

Mírate.

Eres el temblor de tus propias caricias.

Haciendo del roce el camino,

del frío el calor,

del dolor el perdón,

la frágil emoción que pocos comprenden

en este caos que me tirita en las pupilas cuando me miras.

Y veo,

cómo se desvanece la sombra cuando el sol no te ofende con su rayo,

cómo te cubre a cambio de una tibia escarcha llena de caricias,

veo cómo te deshace entre mis labios,

te arranca entre mis brazos el quiero del no puedo,

el deseo del costado,

un suspiro de pétalos y besos desacompasados.

 

Tu piel ahora

es más que una piel rugosa, húmeda y fría,

cubierta de zarzas, cristales y espinas.

Tu piel ahora siente y presiente,

y si la desnudas, llora.

Si la muerdes, grita.

Si la recorres, tiembla.

Si la abrazas, arde.

 

Pero no temas, amor,

ninguna caricia nació para hacer de los daños cenizas,

ni siquiera las que te visten de frío.

Te lo digo yo, 

que vine a nevarte despacio las heridas,

a cristalizar la primavera sangrante

a congelarte los miedos,

a guiarte de su mano

a incendiarte con cuidado.

Y temblar de frío, si es contigo.

Vine a decirte,

que tras el desgarro a corazón abierto

tras la piel detrás de la piel

puedes irte en busca de otra primavera

o bien quedarte a vivir en este frío,

ver florecer al amor,

abrazar la nieve,

arder conmigo.

Mai Alonso- Este frío.