Canción de otoño

 

 

Se ha quedado tu sueño en mi sueño prendido,

como el atardecer se queda en los cielos,

como la miel en los labios

el cosquilleo en la punta de los dedos,

a tu pecho, de ganas cosido. 

 

Otoño.

Siento el frío tras los párpados caídos.

Pero sé que la noche nos abriga y nos cobija 

en todas sus estrellas dormidas.

En este mirarte desde dentro,

en esta trascendencia ciega que me habita,

en esta  emoción que nace y que vuela por todas partes.

 

Cerrar los ojos es como decir 

que no sé vivir sin este invierno dentro de mi,

sin ese sabor a esperanza 

que solo me dejan los besos que aún me debo,

sin esa caricia al desnudo bajo la mirada del propio firmamento.

 

Cerrar los ojos es hablar de cómo fuera huele a melancolía,

a paisajes rojizos, 

pasados perdidos, vencidos,

naturaleza muerta hoy entre las manos.

Es hablar de cómo la tierra se abre,

se resquebraja,

te abraza

y respira. 

De cómo estremece ese última o primera,

-quién sabe-

exhalación en los labios

y el soplo de viento gélido en la nuca.

 

Respirar,

tan bonito y tan profundo

que un halo de vida brote en el quejido roto de mi boca,

precipitadamente, en primavera.

Comprende pues, amor, 

que mi grito no provocará en vano el deshielo

ni se derretirán en mi boca las estaciones.

No sin antes cerrar los ojos, y enmudecer.

Enmudecer para escuchar, 

como la más humilde forma de ver,

la canción que vive perenne, infinita, de tus labios.

Ese sueño que al rozarlo se parte en otros sueños,

austero y en silencio entre estos dedos,

sin perder nunca la fe y no sin antes escribir,

una y otra vez

cómo se le caen las hojas a esta piel.

 

 

 

 

 

 

Mai Alonso- Canción de otoño

Una Marca Personal de