A medio grito.

Cuando el sol besa al mar,

el alma descansa del grito,

comprende el olvido,

solloza el perdón.

 

Apenas unos minutos

a medio grito entre tu voz y mi delirio.

Eso es todo mi sosiego.

Mi calma. 

Mi paz.

Infinito, mi mar.

Lo que tarda un atardecer en morir,

en caer tras el infinito tú,

en dejarme un pedazo de sol entre las manos,

la perfecta caricia resbalándome por la espalda,

el escalofrío aullándome sin voz los orgasmos a placer,

el sabor a eternidad en los pliegues de tu azul,

el calor en tu boca de cielo,

el temblor entregado al bálsamo en que me conviertes

cuando entras por mis ojos 

y  te derramas en presencia,

no hieres.

 

Acaso después,

 la punzada de nuevo en el pecho.

la desgarradora emoción de pérdida,

de no sustento ,

el suelo desvaneciéndose bajo los pies,

la tormenta subiendo a las nubes de mi pelo,

la incesante sensación de que el aliento

se me escapa entre el viento.

 

 El grito rasgado y desbocado en la garganta

sobre un colchón que me acuna los insomnios,

me recorre el sueño sin descanso.

Un  pulso de furioso ritmo,

de gemido ahogado y sudor silencioso y frío

queriendo despertar los pájaros dormidos

que anidan en el ombligo del mundo.

 

 Y hacerlos volar, amor, 

al pronunciar tu nombre con la esperanza palpitante

 y el temor constante de no saber,

si cuando lo hagan vendrán a callar

mi grito con tus labios.

Mai Alonso- A medio grito