A la vida dale lo que pidas

 

De ponerle dolor a la vida

ya se encargaron las espinas. 

Nosotros amor, 

de esas flores haremos canciones. 

Y si esas letras no estremecen tu vida,

no provocan una tormenta insalvable de besos y emociones, 

si no llega el temblor de tu piel a romper en tierra firme,

es que la música será otra,

la letra será otra,

la boca será otra.

 Será otra.

Porque mi piel al tocarte quedó fría, inerte, sin ida.

Mis labios quedaron sellados cuando la luna de un zarpazo,

se llevó mi verdad, mi voz, el temblor.

 

Estuve allí, amor. 

Y te guardé tanto el ruido en mi silencio,

que ahora tengo demasiado que callar. 

 Estuve allí, 

atrapada en el frío,

en el perpetuo instante congelado

en la abnegación de unos párpados que no quieren cerrarse,

en el llanto olvidado en el fondo de un pacto. 

Estuve desnuda, deshecha y muda.

Quieta y herida,

en el miedo a mirarme y no encontrarme,

a no poder escapar de las gotas de lluvia

que sin remedio me hacen suya.

A no poder despedir a la tristeza

cuando siento que aprieta y aun así la hago tan mía. 

A no poder escapar del repetitivo estribillo de la norma, 

de la pegadiza musicalidad que tiene la nostalgia

cuando te cala hasta los huesos

y resuena en el pecho sollozando a gritos que si. 

 

Estuve allí, 

pero soy de aquí. 

De estos ojos color otoño.

De esta época de pétalos caídos.

De esta estación sin tiempo ni lugar.

De esta caricia a punto de temblar.

De esta partitura sin letra,

de este ritmo sangrante

que te revienta la palabra amor en la boca.

 

 Y qué bonito será siempre,

cuando aun con la esperanza derramada sobre la cama, 

en medio de la tormenta las caricias siempre te encuentren,

te cierren los ojos

y dejen escrito su rezo en la orilla;

A la vida dale lo que pidas.

 

Y que me pidas. 

Y que me bailes hasta esa, nuestra orilla.

Ese lugar donde parar a coger aire y respirar

cuando mi cielo esté a punto de reventar.

Ese inesperado movimiento de luz y cadera

en que salta tu canción y te haces sombra y cobijo. 

Y a caricias de vinilo,

te estremezcas y deshagas fuera de tiempo,

mejor tarde que nunca,

mejor aire que fuego.

 

No importa lo que digan

si como dice la canción,

perdería el tren y apagaría mi vida,

volvería a empezar, contigo, 

cada día. 

 

Mai Alonso- A la vida dale lo que pidas

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