Alas de un mismo pájaro

Olvidamos que mucho antes de ser,

de hacer pie en este cielo,

ya volábamos.

Éramos. 

Pero no fuimos alas de un mismo pájaro, 

caímos enamorados cada uno de su otro yo amputado.

Nos estrellamos, 

con la fuerza y el deseo fugaz bailando de pupila a pupila,

de reencontrarnos.

 

Decidimos sin decirlo, 

ir mas allá del impulso.

Vivir del calor del recuerdo besando el cielo de aquel invierno.

La soledad condensa ahora el tiempo en el vaho lloroso de unos versos 

y en noches húmedas y de frío intenso

cala hasta los huesos,

duele hasta el fondo izquierdo del pecho.

 

Sentimos la ausencia en la presencia,

y abrazamos así la escarcha que va haciéndose dueña, 

viste y habita,

los huecos que ocupan nuestros silencios.

 

Decidimos llover cuando el viento arrecia,

para poder ahogarnos dentro,

para no albergar espacio a la duda

para dejar caer esa primera gota,

que insiste en volver a las nubes de tu pelo. 

 

Y vuelve,

Vuelve a caer,

pesada y llena de amor, 

como cae el perdón,

llena de fuerza,

arrastrando con ella el hastío,

el dolor, el orgullo herido. 

 

Cerramos los ojos a la noche tratando de evitar

el deshielo, la tormenta y el cálido reencuentro,

el punzante aleteo del deseo. 

Hasta que el amanecer despierta,

insinuando que nada ha pasado,

que la nostalgia se ha ido,

proclamando irónicamente con su luz azul

que la vida sigue,

como si en algún momento, amor,

se hubiera detenido.

Mai Alonso- Alas de un mismo pájaro

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