Un café no es un café, si no es contigo

Las mañanas, con cada amanecer, son la antesala a un día aún por vivir. Como este café de hoy, tan bonito, mezcla aún de sol y luna. Aquí  en este silencio que aún reina en el mundo, donde la luz acaricia las sombras y la vida empieza a crearse, lentamente. A hacerse presente en este placer consentido que seguro esconde una oportunidad en el fondo de esta taza.

Temprano, como se piensan las cosas que pueden pensarse más rato, pensaba en no dejar pasar la oportunidad hoy. La de invitarte a este café. Porque un café , no es café si no es contigo… Porque a veces, entre tanto ruido y prisa por llegar, recuerdo que echo de menos cuando tú y yo estábamos presentes. Como hacíamos en los viejos tiempos, en esos cafés en que nos mirábamos al fondo.

En esos en que no llevábamos la prisa dentro. En esos que llevan la emoción de verte, escucharte y contarte, todo junto metido en el cuerpo. Suena de miedo, si. Y nosotros a lo nuestro, y el café que se enfríe, ahora sí, pero de aburrimiento. Porque este es nuestro momento. De ritmos lentos. Saboreados. De los que se apuran hasta la ultima gota. Que no dejan nada por beber, ni ocasiones ni oportunidades escondidas en el último sorbo de la taza. De los que lo único que dejan en el aire son el aroma de las ganas de volverte a ver.

Este es un café de mirarse a los ojos, con sonrisa fresca, sin prisa alguna y en modo vuelo. si. Sin wifi. Otra vez suena de miedo, si. Pero verás que de miedo no tiene nada. Que no pasa nada, salvo la vida vivida en este precioso instante. Y preciso. Sin más interrupción que no seas tú. Que no sea yo. Para que no se nos escape nada y nadie nos robe la conexión. La nuestra. Esa que nos hace apurar hasta el último sorbo, ya sabes, como dicen por ahí, como era antes. Como en los viejos tiempos, cuando éramos más libres. Y la conexión se creaba a base de miradas sostenidas, en palabras escritas en un papel, de puño y letra, en sonrisas de 140 matices, en notificaciones que llegaban cuerpo a cuerpo y donde el único pájaro azul que existía estaba en tu corazón, como en ese poema de Bukowski…que por cierto, hoy te escribo en esta servilleta.

Porque aún sigo pensando que un café, no es café si no es contigo.

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