Tu espacio

¿tienes 5 minutos?

El lugar donde Mai te invita a pensar en voz alta.

El tiempo no tiene orilla​

Pongamos que contigo ya no es sin ti. Y que esta lluvia es como una de esas canciones sin letra. Esa que moja suave las aceras, al mismo ritmo lento en que tus manos deshacen por mi espalda las gotas de nube en gotas de lluvia…A punto de caer, a punto de mojar, a punto de romper, a punto de despertar a la vida de par en par. A veces basta sentir amor para saber lo fuerte que hay que llorar para entender lo que es morir.A veces basta ese pequeño y dulce mordisco en el hombro que la vida te regala para hacer girar sin cesar las gotas de arena que duermen en el reloj de tus caderas.A veces basta un susurro al oído para detener y volver a reavivar la marea que en segundos inunda los huecos de un frío, seco y dormido invierno.A veces, basta una palabra para sentir el peso de lo que ya no tenemos. El peso del vacío atragantado y ahogado en un ya nunca que retumba en la garganta.A veces, olvido para recordar que cada día morimos un poquito a cambio de querer vivir mucho más. Hoy sabes que nada más importa cuando sientes de verdad que la vida se te escapa entre los dedos, cuando quieres vivirla tanto y tan urgente que sin querer vibras, que la necesitas si o si, aquí y ahora, que no importa cuántas veces quieran alejarte de ella, que uno sabe que no hay nada más bonito como los intentos del océano por besar la arena.Y yo te quiero ahí. Y tú quieres también. En la arena, esperando recogerme en todos mis pedazos, en todos mis intentos, en el empuje de las olas que me arrastran, que me envuelven y me llevan, inevitablemente, a morir en tus orillas. Hoy sabes que el tiempo no es quien cura ninguna herida, que no tiene orilla y sencillamente se desliza, que eres tú quien has aprendido a jugar con sus lunas, a esconderte del sol cuando necesitas su sombra, que comerse la vida a bocados no necesariamente tiene que ver con atragantarse ni ahogarse. Ni con correr por delante del tiempo, ni siquiera con tratar de detenerlo. Y si mucho con disfrutar y disfrutarse del momento, del paso lento del tiempo cuando sin prisa lo recorremos, de ese tiempo que la vida dulcemente nos roba apenas lo reconocemos, de ese aire que nos quita sin ahogar, sin apretar, cuando ella asoma. De esa lluvia muda de primavera recién estrenada tras el cristal de la ventana, de ese silencio que me envuelve cuando me dejo sostener por sus brazos, ese abrazo que te protege como si nada más fuera necesario ni nada más fuera a ocurrir fuera de esas paredes color carne y beso, como si nada tuviera fecha de caducidad porque ahí estamos, con esa sensación de eternidad entre las manos, de sueño y sueños entre los dedos enlazados, de silencios que nada tienen de vacío, de momentos compartidos, amor y sueños contenidos, llenos de susurros lentos, cálidos, a vértigo revueltos, entre tu pecho y mi pelo, entre tu boca y la curva de mi cuello. En ese remolino de viento que sientes recorriendo tu espalda, que sube y baja como la espuma, que se besa y acaricia entre los labios, hasta que entras y te quedas, y así una y otra vez, despiertas. Hoy quizá sabes más que ayer. De vivir y latir con la vida, en esa sensación de no llegar pronto, ni llegar rápido, simplemente llegar. Y lejos. Lejos y contigo mismo como si no hubiera otro modo, ni otro camino. Y a cada paso, a cada bocado, tú conmigo y juntos un poquito más lejos. Para volver a empezar, que al final, siempre es seguir y avanzar. Ese bucle infinito, ese punto y seguido que siempre es comienzo, ese provocador y necesario paréntesis abrazando tu ombligo, esos puntos suspensivos que tanto te gustan cuando gritan a los pies de tus orillas, donde escuece pero no daña, donde todo es después paz y calma.  ¿Pero qué ocurre cuando sientes que la vida se te va? Cuando se deshace y se deshoja a pedazos por el suelo, y todas las orillas se desdibujan y el cielo de pronto se hace crudo invierno. Y qué ocurre con ese dolor que se siente cuando te aprieta el corazón hasta recordártelo…hasta ponerte de rodillas ante la vida y recordarte que no somos dueños de nada, ni siquiera del tiempo? Que ella no se detiene, no. Y a veces ni te cede la palabra. Te obliga a seguir mientras tú, lates. Aunque ya no sepas ni cómo. El latido se resiente, se quiebra, como ese piano de cuerda rota pero que aún así, sigue sonando. Quizá con una melodía más quebrada, sin letra, a sollozos a veces en el silencio, a susurros entre el ruido, aunque sonando sin parar… como esta lluvia de hoy. Sigue sonando. No hay latido. Tres palabras. Un segundo. Una vida. Un ya no. Aquella tarde de lluvia. Aquella amarga forma de mojarse las aceras. Aquel silencio hecho melodía en mil maneras. Aquel lo siento. Aquellos tres puntos suspensivos… Silencio. Hasta mi propia voz se ha ido. Y sigo. Sigues. Porque hoy sabes también, que nada se detiene, que no somos dueños del tiempo, ni estamos a salvo de los zarpazos inevitables de la vida. Que la vida, es aquí y ahora. En cada intento desesperado por buscar agarrarme a tu orilla. Se que lo notas. Suspendida en algún punto a la deriva que de pronto lo ha revuelto todo. Mi pelo, mis ganas, mis sábanas… Hoy me has llamado amor, hoy amanece, ya no llueve. El sol tirita en tu sonrisa y amanece de nuevo para mi, para ti, para nosotros. Y es que hay espaldas que salvan vidas. Hay besos que encierran salidas. Todo es más vivo, más colorido, todo parece invitar a hablar de pasión, a deseo, a quererlo aquí y ahora, donde la vida empieza cada cinco minutos o cada siete millones de segundos… Qué más da, si el tiempo ni nada importa cuando sabemos que eso, es justo lo que no tenemos. Tiempo.Vivir en ese segundo que es todo, todo lo que dura y ya no será. Tal vez resuene por siempre si todo es bonito a su lado. Y vidas vividas por vivir o recordar, días que se van sin darnos cuenta y en los que a veces necesitamos que algo o alguien nos sujete a la vida por un instante. Nos recuerde cuando lo olvidemos, que aún vivimos. Que caer está permitido, que nos dejará sus brazos abiertos cuando nos lancemos a sus precipicios , que el cielo está aquí abajo cuando estás a mi lado, y saborearte, detenerte en esos momentos, a bocados de placer, a quemarropa, a sorbitos, a cucharadas, a besos, a flores en tu pelo, a te hace desearte, vivirte, recordarte a mordiscos…a cierra los ojos y despierta. Vive. Que el deseo nos mire de frente, mientras tu y yo fundimos lo que antes deshicimos, mientras dejamos de mirarnos a cambio de vivir con los ojos cerrados. Vivamos una vida en la que se respire aire, llena de besos y abrazos, y en esto si, amemos el derroche y seamos. Que no hay nada mejor que ahogarse en suspiros y en cuellos que saben cielo y huelen a casa. Reír hasta perder el hilo de la propia risa y desgastarse a caricias hasta que la piel diga basta, y descubramos cuantos nuevos horizontes se esconden detrás de tu sonrisa, detrás de tu pelo desordenado cuando soplan tus ganas a favor, de las flores que pueden brotar de todas las cicatrices mal curadas, de todos los golpes y piedras marcadas en tu espalda a caricias hechas camino y hoy dibujadas. Quién sabe, no se a ti pero a mi, algo me dice que ame esa lluvia. Esa que solo es melodía. La misma que te vio renacer de tus cenizas, ahogarte en tus tristezas o llorar en tus alegrías.Quizá la lluvia te sorprenda y todo lo que quiera sea tan solo morderte la vida y acariciar tu mundo mientras sea tuyo. Quizá estemos aprendiendo que vivir va más allá de lo correcto, lo perfecto, lo inevitable y aprendiendo a vivirnos a peso, a pelo, a piel, a suspiros de deseo rotos. A elegir que sea siempre la ilusión la que nos despierte.Quizá eso de comerse la vida a bocados sea un poquito así…algo así como estar  eternamente enamorados. ​

Floreces y no es abril​

Hay besos que se dan con la memoria. En el azul zafiro del cielo de una boca. Anocheces. Con el último sol acariciando los charcos, con el sabor expectante de la vida rozándote los labios, perdiéndote íntima bajo las últimas gotas de lluvia tardía, despidiendo el dia, cayendo mudo un pensamiento, cómplice de la palabra callada. En ese silencio donde se esconden los mas bellos secretos del corazón. Ese silencio que se crea y se respira como si de pronto el tiempo se hubiera detenido. A veces donde uno menos lo espera, a veces donde sencillamente, nos estaba esperando. Ese silencio. Difuminado en esa bonita luz y el reflejo miel del atardecer que invita a deshojarse en el papel.  Anocheces. Fría y de invierno, lluvia de marzo. Retumbando cálida y rompiendo sobre el cristal de tus labios. Esperando que tal vez el azar termine pintando tus cielos de color arcoíris en la noche, y lo que aún no sabes es que mientras llegas y esperas sin esperar, bajo tu paraguas transparente se abre un equinoccio anticipado, sin preverlo, sin saber que también entre desconocidos vais a sentiros a la misma distancia del sol, bajo el abrigo de la luz proyectándose por igual en ambos mundos. Mientras el día dura lo mismo que la noche, y una estrella recorre el cielo de lado a lado, que es lo que duras sin haber llegado, que es lo que duraremos cuando brillemos, contigo a mi lado.La lluvia cesa. La bonita luz del atardecer invita al reflejo de dejar caer uno a uno todos los pétalos que cubren los tejados. A que llueva de verdad. A que la verdad sea cierta. A cruzar esa puerta, a dejar el ruido fuera, a que llegue la primavera, a entrar dentro contigo, a que si no es contigo tampoco sin ti, a contigo dentro, donde vas a descubrir que hay más mundo detrás de esa puerta que se abre ante ti. Cruzas. Pasas. Quizá tenías que pasar. Y cuando pasas se corta hasta la respiración de las miradas. Y lo que pasa, sencillamente sucede. Sonríes perenne en el lugar más bonito del mundo. y susurras lento tus labios en un café tan breve como un suspiro. Entre flores, mesas de madera, lamparas caprichosas que iluminan el ambiente entre sus luces y sombras para ser parte en la historia que se va a contar, formando parte de las emociones que se respiran y que siempre vas a recordar.Porque así se respira. Se respira emocionado, la luz de pronto se ha vuelto intima, la voz viaja en murmullos, y llega a ti suavemente, como esa caricia suave y susurro lento que te roza al oído. Que se pare el tiempo aquí. Rimado en pausas donde solo se respira silencio, un silencio que grita a vida, a letras en servilletas, a voces escapando de las páginas de una libreta. Fuera ya no llueve. Dentro, llueven aplausos y emociones contenidos, llueven versos donde se puede tiritar sin prisa, romper la sorpresa en cada una sonrisa. Y así, sus voces dan paso a la nota que acompaña versos recitados, palabras robadas y en el aire, lagrimas furtivas, emocionadas y sentidas, contagiadas al acorde acompasado de las cuerdas que una guitarra, entona la vida haciéndonos poesía.Y tu silencio estalla en mil balas de amor. Como si al mismo tiempo te escuchara decir un dulce quédate y cierra la puerta, que hay mas vida dentro que fuera. A veces se dan encuentros mágicos entre personas, entre una banda y su publico, entre unos y otros. Juntos no tienen limites, y el amor que comparten es eterno. ¿Has sentido alguna vez esa conexión? Ese modo tan intenso, esa sensación de amor en el pecho? ¿Ese mágico silencio que lo llena todo y ese sentir en el que te ves embriagado por el aquí y ahora? Ese sentimiento que te hace sentir que perteneces a este mundo y el mundo te pertenece a ti?¿Has sentido alguna vez que ese encuentro se daba contigo mismo a través de todos tus sentidos? Quizá, …dímelo tu. Quizá es difícil pensar que podemos encontrar el silencio en medio del ruido. Y quizá ahí está el asunto. En no pensar. En cruzar esa puerta que abre una voz, en cruzar sin pensar más allá de lo esencial e invisible a los ojos, en cruzar y después solo sentir. Sentir que uno no es de donde pisa sino donde se estremece. En ese pulso irremediable, en ese silencio que late con la vida, cuando sientes que quizá de ser, deberías ser menos cobarde de lo que dicen tus letras cuando te escribes cartas que en verdad no llegan a ninguna parte. Y al hacerlo, sentir que te conozco de siempre aunque hayas llegado tan solo hace un rato. Que quizá aún no sabes que eres medianoche y la puerta sin abrir. Que quizá tampoco sabes que aún no has llegado pero ya eres la del cuerpo de flores del mes de abril, y que como en esa canción aún por descubrir, borras las marcas en esta guitarra que hoy no dejan cicatriz. Quizá ha llegado el momento de besarnos y ver a qué sonamos. De arroparnos con la piel que nos falta, que la que nos sobra solo entiende de motivos y en cuestión de ti, nada debería estar de más si después no vas a echarte de menos.Y ahora que me has escuchado, ahora que te has encontrado, sabes que podemos desnudarnos sin miedo y mostrar las cicatrices mal curadas, asomarnos a los precipicios llenos de vértigos que no podemos evitar querer ver, o sonreírnos desde la herida, a saliva y caricia, porque no somos tan distintos cuando de amar se trata. Quizá ha llegado el momento de deshojarse la piel, sin miedo a ser primavera.Sin miedo a perderte en tu silencio, a que el silencio calle para siempre el susurro del viento, ese silencio tan lleno de ti en el que tan poco te has escuchado, o en el que quizá tantas veces te has ahogado. Depende de la cantidad de cielo que tus labios de los míos, aún no hayan probado. 

...Y si fuera magia

Sucede más de lo que imaginas. Y no, no solo pasa en las películas. Solo debes cerrar los ojos y cantar. Y verás, que todo aquello que puedas imaginar, es todo lo que necesitas para crear. Crear lo que no has sentido, el mundo que quieres inventar, el lugar donde quieres estar, la piel que quieras tocar, el alma que necesites acariciar, aquello que necesites olvidar y al fin y al cabo, todo aquello que quieras contar. Y no, no solo pasa en las películas.  Pasa también en tu piel estremecida, cuando haces todas esas cosas, tuyas. Algunas veces solo sentimos la lluvia, y otras nos mojamos. Algunas veces solo escuchamos canciones, y otras nos emocionamos. A veces solo respiramos, y otras nos entregamos. A veces solo sentimos que hemos viajado, si hemos recorrido una larga distancia. A veces, nada es todo. Y todo, depende desde donde lo hagamos. Ese y por qué no, tan poco pronunciado que a veces nos cuesta tanto preguntarnos. Y ahora que tú me dices que mis sueños son solo eso, que eso solo pasa en las películas, que no se puede sonreír desde la herida y que lo de bailar bajo la tormenta no tiene ni pies ni cabeza… Ahora yo te diré que si, que quizá no haya caricias ni saliva que pueda calmar el dolor de esas heridas pero que escribirlas es un modo de besarlas, que es cierto que siempre nos dicen que bailemos sin paraguas bajo la tormenta pero nadie nos dice que es mejor bailarla mientras llega y aprender a llorarla en la almohada.  ¿Y qué me dices de esa magia cuando llega la mañana y apenas recuerdas nada? ¿Nada que no seas tú? En esa piel reposada, encantada, seducida bajo la luz de la madrugada cuando haces todas esas cosas que ya te he dicho, mías? No. No solo pasa en las películas.  Y ahora tú me dirás que no, que la magia no existe y que el amor es muy bonito si,  en la gran pantalla donde casi siempre triunfa. Y yo muy osadamente y si me permites, te diré que sí, y que fuera también. Porque entre muchas cosas, te puedo asegurar que si, ahí está y que como dicen, es de esa magia que si te toca una vez, lo hace tan fuerte que su recuerdo queda para siempre. Y también te puedo asegurar que te he visto declarado, tu versión más bonita en modo comedia y romántica que tanto te favorece y nunca eliges en ese pase de solo ida. Porque sabes que de esto, también hay mucho por la vida. ¿Eso solo pasa en las películas? Pensemos por un momento, que quizá ellas nos lo recuerdan, porque nos guste o no, necesitamos ciertas guías y menos guión cada vez que vivimos desde fuera, desde esa necesidad de perseguir  todo aquello que se deje entender y hasta lo que no. Ese y por qué no, ese sentir que ellas nos despiertan para recordarnos que seguimos vivos, que vibramos, que amamos, que nos equivocamos, que traspasamos realidades en busca de mundos mejores. Esas que necesitamos ver, algunas incluso una y otra vez, para sentir que algo nos está pasando y no matando.  Si. Nos despiertan algo real. Vivir ese bucle continuo de prueba y error. Como la vida misma. Y de ellas aprendemos muchas cosas que llevamos dentro. Y que aún no. Aprendemos que deberíamos vivir la vida aquí y ahora, intensamente, todos y cada uno de esos momentos de felicidad. Porque  de pronto descubrimos que llevamos años sin vivir y de repente toda la vida se nos agolpa en un solo instante. Que vivir, en contra de lo que parece, no es ni por asomo lo más común y que muchas veces solo existimos, y eso es todo. Fin. Aunque no siempre fueron felices ni comieron perdices, y gracias que es así, porque qué sería de nosotros si nos acabáramos ahí… Aprendemos, que mañana saldrá el sol y será otro día, que el amor está en todas partes y que lo esencial es invisible a los ojos, que detrás de cada derrota hay una nueva oportunidad, y que te puedes pasar la vida levantando muros y estrellarte una y otra vez o ir salvando obstáculos y volar sin alas.  Que no llueve eternamente pero que también puede llover como en un desayuno con diamantes, que solo tu eres dueño y ladrón del tiempo que posees, y que a veces eres solo viajero del tiempo…Que los silencios más intensos, están llenos de todo. Todo. Y que el amor a primera vista es algo así como cuando empieza sonar esa melodía y simplemente sabes que tienes que bailar. Que a veces tendremos que elegir entre hacer lo fácil o lo correcto y que no siempre podremos elegir. Que las decisiones que tomemos serán lo que definan nuestros pasos…Que  tonto es el que hace tonterías , que la vida es una caja de sorpresas y que tu podrás verme bombón y yo tan solo caja… Que la vida es caer y levantarse, que hay que abrazar muy fuerte y mucho, que hay que besar como si no hubiera un mañana, que alguien tiene que morir para que apreciemos lo que es vivir, y que no te olvides nunca de eso, de que por mucho que sea el dolor, siempre nos quedará Paris. Quizá mejor si, olvídate de Paris porque es solo en tu pecho donde hallarás todo el amor. Aprendemos, que al final no hay lugar como el hogar dulce hogar, que el tiempo todo lo cura, que a veces ni eso, no nos engañemos. Y que todos los caminos llevan a Roma, pero que a veces el camino solo lleva a casa. Que carpe diem, y que grites al viento que eres capitán de tus propios  versos y tu propia vida. Y que hablando de eso, podrán quitarte la vida pero jamás la libertad, y que el destino no está escrito y si aún no has llegado, tranquilo, porque siempre se llega a alguna parte si se camina bastante.  Aprendemos, que cuando crees que ya has encontrado la manera de escapar de un lugar encuentras una razón más para quedarte, que la vida es bella, que he cruzado océanos de tiempo para encontrarte, que solo el amor inacabado puede ser romántico, que sin ti las emociones de hoy no serían más que la piel muerta del ayer, que esto va por ti muñeca. Y que a ti, hoy que me dices que todo esto solo pasa en la películas…. que francamente querida, me importa un bledo. Esas cosas. Esas que están ahí, al otro lado de la pantalla y que dicen, que solo pasan ahí. Pero no. Tu y yo sabemos que no. Sabemos que muchas están ahí, dando imagen y palabras a lo que vivimos aquí. Algunas si, algunas a perseguir, y otras a desafiar.  Recuérdalas, cuando te hayas olvidado de ti. Cuando te digan cómo a mí, que esto es lo que hay. Acuérdate de esa magia que llevas, y que a veces ellas, te despiertan solo para ti. De ese amor, del que solo tú estás hecho. Y respóndeles sin miedo, y por qué no?  Probemos y verás. Probemos a traspasar la pantalla. Tu película es tuya cada día. En ese café con alguien, en esa reunión importante, en lo que sea que hagas de lo mucho y bien que haces. Y que nadie que no seas tú, pueda decirte que no.  Ya sabemos que a veces preferimos ver otras historias casi siempre previsibles, con final feliz al poder ser, porque para eso son películas, asumiendo que ya en la realidad hay bastante drama y finales sin perdices. Y cierto, también así. ¿Pero podemos hacer que no sea así? Otra vez osadamente, sí.  A veces es reconfortante evadirse a una gran historia ajena, con final feliz. Eso es parte de la magia del cine. Te permite soñar. Sabiendo que la realidad es que no suelen ser siempre reales. Algo que por otro lado, a veces se asume así, a ojos cerrados, al terrible es lo que hay, cosa que debería preocuparnos.  Quizá y solo por probar,  lo que deberíamos asumir, es que hace falta mucha dulce locura para soportar  y cambiar esa realidad a la que nos resignamos, a que nuestra película, sea la que sea, no pueda ser esa comedia y romántica, acción, misterio, musical o fantasía… donde y por qué no, bailar sin ritmo también esté permitido. Donde cantar no espante, si acaso sólo a los males. Y donde romántico no sea sinónimo de casto y puro. También hay pasión, deseo, alegría y alboroto. Ahí donde empieza la vida de verdad. Quizá deberíamos volvernos locos por algo así. Porque a veces, las películas se acaban justo cuando en la realidad empieza lo complicado. Ahí donde la vida empieza de veras. Y es ahí cuando más necesitaremos ser lo que en el fondo, la mayoría quiere ser y todos necesitamos. Locos por vivir. Aunque sea en los pequeños detalles. Donde empiezan nuestros pies. Por escribir nuestro final feliz. Que está lleno de comienzos cada día si ponemos todas nuestras ganas. Todo nuestro corazón. Tú mejor versión en formato TU.  ¿Acaso tú no estás pasando y estás aquí y ahora? Sucede más de lo que imaginas. Debes cerrar los ojos y escuchar…  Hoy, de la mano de mi loco poeta Sabina, me llega entre esta lluvia lenta que no moja pero cala, y me deja hoy un rastro de versos, susurrando así… …Qué difícil intentar salir ilesos de esta magia que nos tiene presos.

Blue Moon ​

La pasión por el jazz se respira en las cuatro paredes. Y sin querer, todo huele a luna de amor llena.  El hombre del piano está a la distancia precisa, precisa para envolverte y hacerte olvidar por un momento de todo, salvo de ese influjo que parece ponerte la mano sobre el corazón y apretarlo el tiempo justo y con la suavidad exacta para encogerte y hacerte vibrar. Vibrar hasta estremecer como ocurre con todas esas emociones que se sienten al comienzo, anticipo de todo lo que vendrá después. Y así, en la suave penumbra donde la vida en ese instante parece quedar iluminada por una pálida luz de luna, apenas se empieza a escuchar esa música en vivo tan cautivadora. De eso color que la música nos inspira, En el color en el que brillas, que se abre en esa distancia que separan tierra y cielo, donde a veces bailas, tatuada a deseo, anhelos y sueños..Allí donde solo tú creas besos únicos, oportunidades nuevas y llenas, al borde del sabor del recuerdo, en el arte de tus manos que pincelan y escriben cómo salvar tu amor en tiempos revueltos. El hombre del piano toca ahora ajeno, a ojos cerrados al mundo y manos abiertas a la vida, que acarician las teclas como si volviera de nuevo a tocarnos muy cerca. parece estar tan lejos…y a la vez tan dentro. Tanto que nos va tocando, mientras poco a poco apenas nadie se mueve, solo asiente y siente, iluminados por La Luz de la luna reflejada en su piel negra y brillo del piano. en esa intimidad a ratos compartida, como si supieran que la vida es eso, un camino de luces y sombras. Dos opuestos que no pueden vivir el uno sin el otro. Desde la única verdad. Noche y día. Sol y luna. Luz y oscuridad.Enmudeces de pronto. En ese silencio que habla sin palabras y a la vez resuena tan fuerte. De estremecido sentir, por todo aquello que se ha ido, aquello que has sido, tanto que no, todo lo vivido, lo que llega en un pulso, latido a latido sentido. Acaricias la mesa de madera, mientras entre tus dedos se arremolinan de pronto tantas emociones, sonando a un mismo color. Hoy eres de nuevo esa dulce y melancólica mezcla, del color del coctel de la triste luna ya tan conocido, ese cielo al atardecer que tanto te gusta, el horizonte al alba desde la ventana, el infinito del mar donde calmas tus mareas, la noche dolorida bajo una manta de terciopelo, y el cielo. Vas despertando quizá a recuerdos en su aroma, quizá en esa melancolía cargada injustamente de dolor que nadie entiende, quizá a felicidad saboreada en un suave paladar e intenso aroma a noche de verano.. Quizá no sea casualidad que lo llamen Blue Moon…Quizá no sea casualidad que esta penumbra esté llena de luz y azul. Quizá no es casualidad que sobre la mesa descanse hoy, este anhelo y deseo de nombre tú, brillando en el reflejo de una copa de cristal, fría al calor tibio de unos labios que guardan tu amor, eso que ya conocemos, ese sabor y sentir rebelde de ese soplo fresco en las pestañas y el alma, ese salvaje y cálido en la nuca que nunca es calma. En esta mezcla de dulce licor vintage, tan cielo y tierra, tan cuerpo y alma.  Quizá no hemos pensado que el cielo es solo eso. Quizá no lo sabemos, quizá a veces no sabemos si lo que vivimos es paraíso o infierno. Pero el hombre del piano cede su asiento y mientras el mundo duerme, él mudo recorre el escenario, ese espacio que os separa, lentamente, decidido ante tus ojos confundidos, que no sé si brillan o arden, y susurra en tu oído como nunca nadie, como nunca tú... susurra que la música nos haga amar más, y que lo haga mejor. Pero ahora bailemos, pronuncia inevitable. Bailemos tu pálido caminar, más cerca del olvido que del encuentro, para que sientas cómo todo tu propósito te baila dentro. Bailemos, amor. Porque tú eres lo primero.  Y antes de poder decir nada, te susurra de nuevo….lo se, yo también te quiero. Te enciendes. Nos han dejado solos. Tú y yo de la mano, la música vibrando bajo, y la luz de la luna derramada sobre el viejo piano. Ya nada es sombra, todo es azul ante mis ojos, en ese pálido reflejo de los tuyos. Tu voz no me nombra. No hay mas luz que tu cuerpo, ni más sol. La otra luz es sombra nada más, y ella solo se mueve a tu paso.  Eres claridad que no se puede declinar, que ni cede ni abandona y aquí, en este cuerpo a cuerpo, alma con alma, podríamos decir que para siempre es de noche.. o para siempre de día. Y yo solo puedo tocarla y oírla. Besar sus palabras hasta que mi cuerpo se vuelve voz y a sentidos el alma, cuerpo y amor. En un lenguaje sin cuerpo, sin razón. En esa lucha, dos contrarios, cuerpo y alma, en un abrazo aliados. Baila, susurra con una apaciguada sonrisa. Maldito hombre del piano, su voz nunca se apaga. Siempre suena a cálido invierno, iluminado el torpe caminar de los desorientados. Susurra….No importa que no me veas. No importa que no te mire. A veces olvidamos que la luz esta muy cerca de nosotros, tan cerca como dentro... Y mi mano a tu izquierda, que es mi derecha, lo opuesto y hecho uno. Lo justo para sentir que te escapas por las grietas de tu corazón, y que cuando lo haces brillas e iluminas como solo un corazón roto puede llegar a brillar. No evites la sombra, deja que baile bajo nuestros pies. Deja que contigo se haga una y bailemos de nuevo bajo la luna.  Deja que ella siga tus pasos, no la busques al mirar atrás, deja que te acompañe... ¿O por qué crees que los pájaros despiertan cuando sienten la luz al amanecer? ¿Por qué la luz iluminará el camino pero solo en la oscuridad ves las estrellas?  ¿O esa llama que crece dentro, es llama mucho antes de hacerse anciana y ser luz? ¿Qué enciende la luz en ti? Tu vida, tu Arte o tu música dibujan tu historia, sea cual sea, el compromiso con la vida, la pasión y la libertad por ti, en ese conflicto tan intimo y tuyo, para hacer frente a tus propias contradicciones, pasiones y en cada ida, en esa búsqueda nunca concluida.Baila, no pares…Quizá no es suficiente con crear un sueño, hay que hacerlo crecer dentro. Quizá tu eres la eterna posibilidad y quizá la vida es bastante compasiva y nos regala una posibilidad tras otra, una oportunidad tras otra. Te tiende la mano. Como el hombre del piano.No digas nada y sigue bailando. No sientas vergüenza, no sientas temor. Levanta tus ojos y recuerda, hueles a amor. A luna llena de amor. No mires tus pies, que ellos miren siempre al cielo. Qué contrariedad me dirás, cada vez que te revolverás incómoda entre mis brazos. Pero quizá, o dímelo tú…El amor esté hecho de contrarios que no pueden separarse y viven sin cesar en ese lucha de encuentros y desencuentros, con uno mismo y con los otros. Esos contrarios, como si fueran planetas que orbitan las pasiones, girando alrededor de un mismo sol, como ahora tú y yo, cuando nos hacemos dos. Quizá  entonces llamamos eterno a ese momento, hacemos inmortal este instante. Pero no, somos hijos del tiempo, y moriremos. Aunque hoy no.¿Será que quizá inventamos el amor como respuesta o excusa a la muerte? ¿A saber que mañana ya no estaremos aquí? ¿Será que por amor robamos y detenemos el tiempo cuando queremos haciéndolo eso...paraíso o infierno?Se apaga la luz. El baile ha terminado. El piano sonríe cansado. Ahora si, todo es azul. Mientras cojo tu mano, nos adentramos en la noche a jazz gastada. A oportunidad bailada. Brillando con esa luna llena que sucede a una primera que no alcanza, que aun llenando el aire de cenizas nosotros   miramos con ojos de cielo. Amar la luz es fácil si. Amar desde la imperfección, desde la oscuridad, habla de algo más intenso, de esa entrega, de esa conexión que solo puede sentirse, con todo o nada. Y ahora que brillas así, muéstrame tu oscuridad. Como solo tú sabes. Con el corazón en un puño. Bajo el influjo de esas notas…tú. Oh, Blue Moon.​

La huella que deja, tu aire en mi piel​

Acariciarte. Como si aquella canción dijera otra vez aquello de.. te quiero en mí, en ese cielo, dibujando primaveras. Que somos polvo de estrellas…tan solo una estela flotando en el aire. Triste locura, estrellada entre aceras, prisionera en la noche y sus ojeras, en todas sus emociones, sin censura.¿Alguna vez el aire te ha traído un aroma que no esperabas y de repente te ha llevado a un lugar donde ya habías estado? …¿A un abrazo de nostalgia, de amor, de felicidad? …Como si estuvieses ahora allí, en aquel mismo cielo, contando las mismas estrellas y él te acariciara? Es bonito cuando apenas estrenando la mañana recibes un soplo de aire así. Sin aviso. Lo justifican todo. Lo compensan todo. Lo acarician todo. Son tan urgentes que se sienten inevitables. Respirar se ha vuelto difícil, sonreír tiene más de efecto que de causa, caminar duele como duelen las emociones que visten huesos rotos, sentirse grande se reduce a ocupar una pequeña baldosa en este mundo de gigantes. Pero vivir es entre muchas cosas, inevitable. Y aún nos guarda su aire lleno de sorpresa acariciándonos cuando lo olvidamos, aún nos regala esos momentos que quizá ya nunca más seremos, pero fuimos. Y que nos recuerda que aún vivimos, habitamos y respiramos en aquellos corazones que aún nos aguardan. Y entre ruidos y prisas en las calles, parece que uno no puede quedarse ahí, ensimismado, en su dulce locura, viendo, oliendo y sintiendo todo eso que la brisa trajo y dejó en ti, invisible pero tan intenso.. Parece que uno no pueda permitirse pararse a vivirlo porque con ello interrumpe la vida y la prisa,  porque alguien decidió que ya no lo mereces, porque ya no te atreves, porque ya no sabes quién eres, porque te ves ridículo en un mundo al que no perteneces aunque tus latidos no puedan ya ser desterrados. Quizá es por eso que la vida cura, te detiene y te sopla a su aire y su manera, te toca una y otra vez su misma melodía, mientras tú te bailas y meces en tu sueño en tu pequeño espacio de recreo para tus sentidos.Y ya ha dejado de importarte eso de llegar y tarde, a ese otro lugar donde en realidad no quieres ir ni estar, porque lo que de verdad deseas es quedarte ahí donde justamente estás. Al menos un ratito más. En tu feliz, pequeño y gran metro cuadrado de sueño, de ese suelo que hoy es para ti, el cielo. Donde quizá no tengas nada más, donde todo duele igual, donde todo sonríe igual, donde quizá tengas que estar para tocar, besar el suelo, sentirte y saber que existes y vives. Tomar conciencia de que tu piel es solo eso. De aquello que la estremece.Es así. Hay cosas que no se pueden tocar, hay cosas que no se pueden ver, ni oler, ni escuchar. Pero existen solamente porque hablamos de ellas. Porque las tomamos del aire y las hacemos nuestras. Porque les ponemos palabras y les pintamos emociones. Porque las hemos sentido. Si. Estoy segura de que tú también sabias a qué olían las nubes, a qué saben los besos que no se dan, o a cómo se mira cuando se mira por vez primera…Estremece pensarlo.Así que mientras tanto, mientras dura nuestro delirio, pienso que aún hay esperanza. Cómplice en el guiño de algunas miradas desconocidas, que al paso sostienen la mía. Y que quiero creer, que han entendido este baile y por eso me devuelven la sonrisa. Y sí. Yo tampoco sé en qué momento se dejó de perseguir esas cosas intangibles o inexplicables. O en qué momento alguien se atrevió a ponerles nombre, porque yo no.Porque… cómo explicar qué en un segundo fuimos víctima de un huracán de emociones, desencadenado por alguien que quizá se dejó la puerta abierta y la corriente hoy, caprichosa, quiso que el aire me trajera tu aroma y yo temblara en una baldosa sin fin. Entre mi piel y tu piel.Acaso quien dice que los huracanes son improbables, ¿nunca se enamoró? ¿Nunca se emocionó? ¿Nunca sufrió? Nadie que vive un huracán improbable, te habla de imposibles. Quizá por eso, alguien decidió también que solo existe lo que tiene nombre, lo probable, lo que se puede tocar, lo que se puede explicar, lo que ves, lo que a primera vista parece, lo que ya existe..y ¿Acaso tú, a quien hoy recordé, te soñé en este minuto de aroma transportado, no existes aunque hoy no estés aquí? ¿O aunque aún no tengas nombre? Existes, sí. Y si no lo hicieras, ahora ya lo sabes, porque yo te inventaría…Donde por mucho que digan, aun nada está escrito, mientras la esperanza llene los vacíos. Mientras haya una palabra más...Que para eso están también las palabras. Para inventar lo que aún no está escrito. Aunque salga de un suspiro y se pronuncie suave y en bajito, con pocas letras y mucho aire hacia fuera en un ahogado...suspiro.Asi que por todo y tanto, por haberte soñado. Mirado un poco más allá. Un poquito más alto. Con esa misma mirada en que hoy te retengo, porque piel ya no tengo. Con menos miedo de quitarte la ropa cuando la brisa te acaricia, como en mi mañana de hoy. De esas cosas que dicen que no se pueden tocar si no están. Por todo y tanto, existes en mi. Existes ahí. Tan dentro. Como las buenas canciones, esas que por mucho que se versionan, nunca cambian, se transforman…Y siguen siendo ellas, igual de buenas, llegándote dentro, con toda su esencia intacta. La esencia de las cosas, del alma, de las cosas que importan, de esas canciones… Las que te siguen tocando sin ponerte un dedo encima.Debe tratarse de eso. De lo que vivimos, lo que dejaron a su paso, de lo que dejamos de nosotros en ellos... De lo que aún nos queda por descubrir. Debe ser eso. Porque de lo contrario no me explicaría por qué sigo aquí, impregnada en ese aroma, en ese recuerdo, a esa canción pegada y...Touché.¿No será que es así como quizá deberíamos agarrarnos a las cosas, aún sin entenderlas? ¿Solo porque nos hace feliz sentirlas? O simplemente, sentir… Y soñarlas, mientras recorremos el camino con esos sueños de la mano, que pueden hacer de tu hoy, algo nada de rutinario y sí mucho de sentido.Acaso el amor, la tristeza, la ilusión, el dolor y la felicidad…¿Se pueden tocar? ¿Y sin embargo no son las cosas que mueven el mundo? Las que crean mundos mejores, aunque sean pequeños instantes y que empiecen como el mío hoy, con una caricia de aire culpable de que tú existas en mí, para que tú y yo existamos…para un nuevo comienzo, en este soplo de aire fresco que nos regala la mañana. Ese del que solo saben, quienes creen todo en los principios, y nada en los finales. Ese que empieza cada día entre las sábanas y nunca sabes dónde acaba. Ese que empieza en un simple aleteo en tus pestañas y nunca sabes en qué cielo un huracán de emociones desata. Qué verdad, que cada uno encuentra el cielo donde quiere. O donde puede. Quizá por ello estamos  hoy aquí. Envueltos en esta brisa. Reviviendo el cielo, ese que te regala el amor, el dolor, el sol..Ese que se cuela entre nuestros dedos aun entrelazados.Rompe el corazón contra el sol, como en aquella canción. Porque por todo y por tanto, no somos de nadie. Tan solo presos de un verso. Tan solo huellas del aire.​

A palabras

Hoy amaneciste sola, muñeca rota, con el cuerpo dolorido, con el corazón de trapo, tan ausente de vida, abrazada a tu piel desnuda que llora a estremecido frío el pesado vacío de un necesitado abrazo. Hoy esperas ese nuevo amanecer, sin esperar nada, pero buscándolo todo.La luz del alba va llenando la ventana, derrama mil colores en tu piel aún desnuda, mientras tu mirada y pensamientos se pierden en un ir y venir, en esta nueva mañana, con la mirada fija en la nada.Hoy la luna te preguntó qué hacías ahí parada, tú que siempre bailas, apoyada en su ventana, tan rota como perdida, tan cansada como vencida y abatida. Y tú, envuelta en tu manta de amanecer y herida, solo has podido responder, esperar…  Con cierta tristeza y las alas partidas, abrazando una taza de café porcelana fría, como quien sabe que eso también es la vida. Una vida que a veces duele y tanto. Que otras acaricia y mucho. Un fondo de posos amargo a la vez fácil de endulzar con un poquito de amor y azúcar.Una vida en la que no hay dos días iguales ni dos noches semejantes. Así te miras. Tal cual. Envuelta en un bucle que rompe contra la ventana, en la que apoyas los labios y el vaho insinúa un beso roto a gotas de cristal. Si...la vida llora de pronto, en ese musical a tres notas. Que los dos sabemos que la vida son dos días, y uno llueve. Que ayer ya llovió, y que hoy es siempre todavía. Esperas... porque sabes que llega más lejos quien quiere que quien puede. Y tú quieres. Quieres querer. Porque sabes también, que la felicidad es eso...una decisión, un sorbo de café dejado caer a propósito, entre el pecho y la espalda, llenando tu corazón tan agrietado como rebosante de vida. Insinuando el deseo en la espuma del borde de tus labios.Pero hoy, en esa espera, sabes algo más. Sabes que eres más. Que ya nunca serás la misma. Ya no eres tan muda, ni tan callada, ni tan resignada, ni tan vencida. Que ahora eres palabras, ese corazón que letra a letra, latido tras latido, escribe y ha escrito su canción. Que vive a golpe de emoción, aunque a veces del impulso caiga, aunque a veces del mismo, vuele.Que escribe ese algo imborrable que ya no puedes guardar solo para ti. Ese algo tan lleno de amor que pueda llegar al alma de quien solo pueda comprender, las palabras de un soñador. Sabes que eres más, que estás hecha de sueños, de pedazos, de alegrías, de tristezas, decepciones y sinsabores, y hoy, de sangre color café. Suena. Suena tu dulce canción. La escuchas, verdad? La escuchas porque te sientes bailar, lento e intenso, abrazada a esos brazos que hoy esperas que abran nuevos senderos, recorridos prohibidos, viejos caminos conocidos. Tan recordados, marcando el compás cuerpo a cuerpo guiados, así nos vamos. Juntos, perdiéndonos en el infinito tras el cristal empañado. Nos deslizamos, suavemente acompasados, a una, en ese roce cayendo por la espalda, en ese espacio entre dos bocas que nadie más llena, ni siquiera tú, luna. Esperas… Esperas a sentirlo, a perderlo, a mezclarte entre esa melodía sabor a soul y la melancólica cadencia de tus labios marcando ritmo por tu cuello, besando una a una las palabras que no pronunciaste, que quedaron en silencio en el mismo momento en que tu y yo, bailamos. Bailamos fuertemente agarrados, en penumbra, envueltos en la luz en que brillas, en que estás tan llena de vida. Y le miras, con mirada tan segura de seguir la suya, sus palabras a susurros al oído, el empuje de la vida en tus caderas, a intensa marea. Esperas… En la quietud y el silencio buscado. Esperas para abrazar la mañana sin medias ni tintas, a que tus ojos caigan y tú alma de gato por fin te acune y duerma sobre algún tejado.A palabras. Hoy cierras los ojos, los cierras de verdad, ves tu imagen en la suya y lo sientes. El instante. De haber vivido. De querer vivir. De querer queriendo. De decir, hasta aquí.Hasta aquí. Que no quiero verte a lo lejos y tratar de alcanzarte, llegar a ti y sentir que te esfumas como el humo. Pero si lo haces, quiero seguir mirándote, con certezas apoyadas en incertidumbres, sin cadenas arrastradas por unos pies cansados, con la fuerza y la magia de desdibujar la realidad y escribirla con la sencillez pero fortaleza, de quien no tiene las mil respuestas. No todas las respuestas pero si todas las preguntas, en una paleta de colores esperanza y todos los sentimientos en la punta de una pluma.Hoy, sabes algo más. Sabes que a ti te bastan cuatro palabras y tres trazos para decir que aun quedan motivos para poder vivir, todos, para poder ser y seguir siendo aquello que deseas ser. Quien siempre necesitaste y soñaste ser.Hoy sabes que ya no puedes morir más noches si no es para renacer en todas sus madrugadas. Hoy sabes que ya no puedes volver atrás y dejar de seguir el rastro de una mirada que va dibujando futuros y creando realidades a tu paso.  Hoy, sabes algo más. Ni la pena te ha ganado. Hoy, solo el amor te ha vencido. Y por primera vez, te has mirado en el reflejo del cristal y has querido, has querido quererte, muñeca rota e inerte.Suenas. Vuelves a vibrar. Tus dedos escriben pausados ese verso en que vuelves a soñarte. Pensando en ti como quien solo puede imaginarte, poesía. Poesía en ti misma, tú que puedes reescribirte y pintarte sobre lienzos en blanco a trazos de colores, bajar del cielo las estrellas más lejanas a los pies de tu cama, amar como solo tú sabes amar, y escribir a pulso las realidades más bonitas que solo tu sabes crear. Tú, que no te ves bonita, porque lo que te sientes es arte. Ese pulso desmedido e intenso, desbocado, que lucha por salir por cualquier lado. Esa eres tú. Ese reflejo que se posa y abraza y entrelaza corazones con lazos de seda y rosa, tú que te atrapas en tu profundo mirar, con tu torpe caminar, pero con tu fuerte instinto pese a todo. Ese que siempre baila, un dos tres y seguido. Ese baile que solo tu has conocido, en el que te has dejado caer,  y con el que has llenado los días de vida, llenado muchas horas de café bailado descalza en la cocina, muchas carreteras pensando en ti recorridas, muchos momentos vacíos de sentido y dormidos y de esa verdad que al despertar, tantas veces has sentido. Esa eres tú, que me acercas a tu corazón y me haces sentir el bien que vive en ti. Con esa luz tan pura capaz de alumbrar las noches mas oscuras. Tu que me miras más allá y más dentro de lo que cualquiera pueda imaginar, que aún sabes ver lo mejor y más bonito que hay fuera para poder regalar y mostrar todo lo que guardas dentro. Tu que siendo ya todo , sientes que aún no eres nada, que aún luchando contra mil adversidades, contra viento y marea, contra la pena, siempre supiste tener un segundo para regalar tu tiempo detenido, ese que crece en tu cintura de reloj de arena. Tú que naciste con el don de quien puede y lucha porque nunca se rinde. Tu que fuiste lo que mas quiero, tu que siempre serás tu.Esa eres tú. Esa es ella. Esa que sin querer va contando contigo las partes de su día, de sus noches, de sus sueños... Hasta cuándo y cómo la han herido. Sus pequeños logros. Sus mayores miedos, todas aquellas veces en que lloró los recuerdos y que ahora guarda solo para si… En palabras.Y se apaga la luna al fin, no sin antes decir…Hoy, escríbela. Sujeta su mano, sujeta sus muñecas rotas, sujeta las palabras que susurren de sus labios, esas de las que está hecha, y bésale la frente para que al fin no tiemble. Hazlo ahora. Haz que el brillo de sus ojos cuando te mire, no se desvanezca, no desaparezca. Que no deje de mirarte con tanta admiración y ternura que no sepas si brilla, o llora. Pero ahora. Llénale a besos, la vida. Que ella es poesía, y hoy llueve. Y mañana es siempre todavía.​

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