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ROMA, amanezco vibrante y seductora

Amanezco vibrante y seductora, respirando arte por los cuatro costados, contagiada de un aire que invita a enamorarse en cualquier rincón, plaza o café que encuentro a mi paso. Y ahora que lo pienso, llevo largo rato paseando sin rumbo, dejándome llevar por varios milenios de historia que se condensan en cualquier rincón en que descanso la mirada.
Alojarse en este barrio tan pintoresco, el Trastevere, ha sido una estupenda idea. Este debe ser el barrio con más alma de toda la ciudad, o así lo siento, mientras camino cautivada como si estuviera de pronto inmersa en un laberinto de calles estrechas, tan llenas de lo cotidiano, ropa tendida en los balcones, casas medievales, piedra y madera en las fachadas algo desteñidas, y algo que llama mucho mi atención. Cada pocos pasos, se abren ante mis ojos, terrazas de cafés que parecen jardines en medio del asfalto..

Salgo de este ensoñamiento cuando mis tacones descubren esos famosos adoquines que tapizan las callejuelas y que me hacen caminar como si bailara en aquellas primeras y torpes clases de tango: "Déjate llevar por la música Rebeca, y baila con el corazón. El ritmo de la música será siempre tu mejor guía. Y esto, vale para cualquier cosa que hagas en la vida."  Palabras para recordar, siempre. Y es dejarse llevar... A veces nos cuesta tanto!

Miro la hora. Aún tengo bastante tiempo hasta la sesión fotográfica de hoy, así que bien pensado, tomarse un buen café en alguno de estas encantadoras terrazas es una buena idea para descansar un rato mis pies, preparar el reportaje fotográfico de esta tarde, tomar algunas notas y saborear este momento único a solas conmigo misma. 
Decido pararme aquí, el letrero de madera colgado en la puerta  dice “Baylon Café”. Una cafetería muy agradable con decoración alternativa, donde al parecer la especialidad son sus famosas tortitas. Me recomiendan las de frutas del bosque. Reconozco que mi yo más conservador, piensa en acompañarlas de chocolate o azúcar y canela… pero ¿Por qué no? ¿Por qué no cambiar y dejarse llevar por la recomendación? Suena muy bien. Y huelen mejor acompañadas de un buen capuchino, el verdadero, el auténtico. Soy una apasionada del café, allí donde vaya. Pocos placeres pueden llevarme a disfrutar tanto y tanto. Y un buen capuchino, tal como observo que lo preparan, es todo un arte y placer para los sentidos. Sabrás que aparte del café expreso, la leche, el cacao y la canela en polvo, lo que enamora de él es la textura, esa espuma que hace que la leche sea especial, llena de burbujas de aire perfectamente calculadas, esa caricia que provoca en tus labios una agradable sensación por esa textura deliciosamente aterciopelada y dulce que deja… 

La terracita, aunque pequeña, es de lo más agradable. Según me han contado, en este tipo de cafés tan pintorescos, uno por las noches puede encontrarse a poetas bohemios, música en vivo, presentaciones de libros y siempre, por supuesto, un buen café. Y de esto último, no tengo ninguna duda. 
Me siento en una pequeña mesa de madera adornada con unas flores frescas en un pequeño jarrón de cristal. Van a juego con mi vestido rojo, así que decido ponerme una en el pelo. Si... Hoy me siento seductora. Dispuesta a comerme el mundo. ¿Será está mezcla de sensaciones tan embraguiadora? ¿ Todo esto que no dejo de sentir desde que he llegado a la ciudad eterna? Mis sentidos están más despiertos que nunca y algo me dice, que dentro de mi, necesito sentirme viva. Más que nunca. Y que esa emoción es tan intensa que desearía que durara todo el tiempo. Esa sensación de tener mariposas bailando en tu estomago, esa magia de sentir algo que no se ve y que no sabes muy bien cómo ha llegado a ti. Esa sensación que te lleva a pestañear suavemente siendo muy consciente del momento, sin querer romper esa magia.

Abro mi cuaderno de notas y escribo. "Roma, te hace bailar."  Y créeme, el baile empieza en ese mismo momento en que tus pies rozan el suelo. En que esos adoquines y pavimento tan singular hacen que te muevas con esa gracia especial y una delicada torpeza para evitar caer, mientras tus caderas bailan solas por ti. ¿Hay algo más sexy? Creo que esto es, lo que viene siendo la vida misma. Cuando te dejas llevar por el aquí y ahora sin importar nada más, cualquier cosa que hagas se siente y se ve tremendamente maravillosa. Y caminar, con el asombro y el dejarse llevar por todas esas cosas que uno puede encontrar por el camino cuando decide caminar sin rumbo y con mirada abierta. Pasear para vivir, para disfrutar, sin prisa. Y no importa que te la bailes en tacones o con los pies desnudos, lo que importa es que camines, que lo hagas, y que  llegues a ese café, o allí donde elijas ir, pero con la sonrisa en lo alto, y seductora. Retadora hacia la vida. No vaya a ser que tu sueño esté a la vuelta de la esquina, en los brazos que te sujeten cuando tropieces entre piedra y piedra,  o en la mesa del fondo cuando asomes al café y tú, estés mirando al suelo.  

Si. Definitivamente, Roma, la mires como la mires, del derecho o del revés, te hace vibrar. Y añado a mis notas: "Y hace que crezcan flores en tu pelo". Guardo mi cuaderno y regreso a esta explosión de vida. Y aquí estoy, con mi melena rubia despeinada de tanto vaivén calle arriba y calle abajo, un sencillo y ligero vestido de gasa que se mueve con la brisa suave de esta mañana  y una flor en el pelo que huele a primavera…  He caminado largo rato por la vida como si una música sonara para mí, como si pudiera enamorarme de todo lo que he ido viendo, riendo en cada vuelo de mi falda. 

Voy a contarte un secreto. El amor a primera vista quizá exista. Uno puede enamorarse de la vida, de estos colores, de esta ciudad y esta encantadora mañana, aunque sea por un instante, de repente y sin darse cuenta. Y te diré algo más. Si el amor a primera risa existe, creo que podría tenerlo delante. Hace rato que siento la mirada curiosa de un atractivo hombre joven que no deja de sonreír mientras parece haber dejado de anotar en su agenda y disfrutar de mi café sin haberle invitado. Tiene la sonrisa más abierta y bonita que he visto en mucho tiempo. Y debo reconocer que hay algo que me tiene hipnotizada en esa sutil manera de intimidarme, sin hacerlo.  Y es que hay pocas cosas que una sonrisa no pueda mover, no crees?  El amor mueve montañas, la fe mueve montañas, las pasiones mueven montañas, una sonrisa mueve montañas y también corazones... ¿Qué es esto que hoy mueve mis pies y me tiene flotando todo el tiempo?
Su risa. Esa melodía... Esa sensación de frescura, de nuevo, de amanecer. Esa sonrisa que no dejo de imaginar como espuma de mar rompiendo en la orilla de mis labios… Y es que mientras bebo a sorbitos, a ratos le escucho hablar por teléfono y reír a carcajadas, con un seductor acento italiano pronunciado como solo los dioses romanos podrían hacerlo. Y observo y escucho esa melodía sin prisa, tan fresca y nueva... Ensimismada hasta que nuestras miradas se cruzan un instante… 
Oh, ...Suena mi teléfono.  La magia se ha roto...O continúa, aún no estoy segura. Porque mientras hablo por teléfono  me doy cuenta de que ahora soy yo la que estoy riendo a carcajadas y que al fondo, ese enigmático hombre, ese dios romano, me mira sonriendo como si no importara nada más. Como si supiera que me ha contagiado. Como si supiera que hace tiempo que echo de menos reír así. Como si disfrutara del momento igual que lo hacía yo minutos  antes.
Termino la llamada y cuando me doy cuenta, mi taza está ya vacía y hace rato que la uso para esconderme tras ella y disfrutar del espectáculo. El "hombre sonriente" sigue mirándome divertido y ante mi sorpresa y mi curiosidad, veo que se levanta y se acerca... Se acerca y en un perfecto italiano, pronuncia el " Buon Giorno" más potente, dulce y seductor que nunca he escuchado. Y en ese instante, siento que el famoso Coliseo romano se me quedaría corto para esconderme y huir de la música de esas palabras. Creo que ni en sus más oscuros recovecos podría escapar a esa luz y sentirme a salvo de este hombre tan enigmático que se empeña en mantenerme sentada en la silla como si nada pasara, mientras por dentro, todos mis muros y piedras van cayendo precipitadamente.. como si de repente, un terremoto destruyera el icono de la Roma Imperial, el mío, al ritmo cada vez más intenso de mis latidos... Y ahora mismo pienso, que no me extraña nada que se protejan tanto sus ruinas, porque es así como me siento, en medio de un terremoto y con las rodillas temblando,  a punto de caer de la silla ..mientras este hombre se acerca sin remedio. Porque no he sido capaz ni de moverme, y sin pestañear, ante mis ojos que no parpadean, señala sutilmente mi boca divertido, tocándome sin tocarme, mientras me doy cuenta de que toda la espuma de ese café, todo ese terciopelo y trozo de cielo blanco, dibuja ahora mis labios. Sin entender muy bien qué me dice, recoge del suelo la flor que ha debido caerse de mi pelo y la deja sobre la mesa suavemente, al mismo tiempo que roza levemente mi mano.. Roce que es más caricia que casualidad... y yo, lluevo en pétalos...
 Esa flor, que hacia juego con mi vestido y que ahora, hace juego con el rubor de mis mejillas… Me disculpo y me levanto en busca el lavabo y cuando regreso, el misterioso hombre ha desaparecido. Como por arte de magia. Esa magia que lo había inundado, todo. ¿Dónde se ha metido el dios del amor? ..El dios del deseo? … Con cierta decepción y aún sonriendo, empiezo a recoger mis cosas sin saber cuánto tiempo habrá pasado durante ese tiempo en que el tiempo se detuvo, entre su sonrisa, y la mía..  De repente,  descubro una servilleta en la mesa junto a la taza de café, con la flor encima.. una nota con un teléfono, sin nombre y una frase escrita en un torpe y tierno español..
"gracias por el desayuno. Nunca un café estuvo tan lleno de vida. Debe ser bonito saborearte así, a sorbitos, a mordiscos, como a la vida.” 

Como puedo, guardo la nota en mi cuaderno y corro torpemente calle abajo rumbo a la sesión, inmersa en mis pensamientos, en el Dios Romano, y lo que acaba de ocurrir. Sin darme cuenta de que el baile entre adoquines calle abajo y a tres metros sobre el suelo, ha hecho que la servilleta escape y vuele de entre las hojas de mi cuaderno... Dejando tras el vuelo de mi falda, un trozo de papel, el eco de una risa, flotando entre la suave brisa de esta mañana de hoy...dejando a mi paso, el principio de algo que sin saberlo aún, cambiará mi rumbo por haberme entregado a ti, la vida.

Mai

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