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La vida es un sueño

Querido mundo…

He llegado a ti como esas teclas temblorosas que tocan a color pasión las notas de una melodía, a susurros, a suspiros rotos, envuelta entre el frío de lo mundano y el calor de los abrazos que me hacen vibrar sobre la cuerda rota y rasgada, sobre el polvo de un viejo piano. 

 

He llegado como un café que no es café, si no es contigo. Si vivir se reduce a escribirte cada día un poema, a ti pájaro azul, que duermes en mi corazón temblando aún en una servilleta.

 

He llegado en este viaje llamado vida, como esa luz miel que desprenden mis ojos cuando te miro muy cerca, que solo sabe entender de esa vida que pasa, aquí y ahora. Tú y yo, caminando mano a mano, estemos donde estemos, en un siempre sostenido solsticio de verano… Que solo pude decirte que sé de lluvias que empapan hasta el alma y que después de conocerlas, ya no quiero otras que llenen mis días.  Que prefiero mirarte con intensidad a los ojos y decirte en medio de un báilame lento, que perdona amor si hoy solo te beso. Si te beso y lento, para que al menos por un momento, viajemos a ese espacio que creamos entre tu boca y la mía, ese espacio que me regalas sin saberlo y en el que yo me hago polvo de estrellas cada vez que me dejo llevar hasta tus brazos. Sin moverme de tu lado, de este pequeño espacio y metro cuadrado, donde si queremos, si volamos un poco más alto, podemos hacer de las noches su universo y de todos nuestros días, sueños de acuarela, de tu piel y la mía, un mismo verso.

 

A veces, cierro los ojos e imagino que me llenas de ti. A ti que te debo la vida, que formas parte de este viaje que empezó aquel primer día en que descubrí, que llenarte de ella es lo más bonito que podía hacer por ti. Por mi.

Lo que aún no te he dicho, amor, es que soy quien te ha soñado desde que recuerdo haberlo pronunciado. A mirarte siempre hacia arriba y de puntillas, cuando mis vuelos aún no tenían altura pero si la mirada limpia y nueva con la que solo los ojos de un niño pueden soñar.

 

No te he dicho que nunca supe quién fui, porque todo me parecía grande y a la vez todo se me quedaba pequeño, que como nunca tuve las respuestas, creé otras preguntas, que pasaba muchos días buscándome en el rastro suave y blanco que dejaban los aviones en tu cielo azul, soñando con ser pájaro para poder acariciarte una y otra vez. Para poder dejar de ser lamento y levantarme tras cada intento, para volar libre entre el viento…Para poder llegar hasta ti cuando con solo imaginarte entre mis dedos, hacías crecer flores en mi pelo y podía rozar el sabor de tus nubes caramelo.

 

No te he dicho que era yo quien alimentaba dragones bajo la cama para poder volar por tus reinos de hielo y fuego, cuando el día se me antojaba aburrido y la noche, mágica. Que me perdía y deshacía en tus noches frías, buscándote asustada entre las estrellas porque siempre me dijeron que ellas brillaban porque tú morías…y buscaba incansable, el modo de bajar la luna hasta mi cama cuando necesitaba abrazarte..

 

No te he dicho que a veces eres esa parte de mi que hoy me escucha, tú que quizá nunca has escuchado mi voz, ni hayas sentido mis caricias, ni sepas mi nombre ni en qué momento llegué a ti. Quizá hayas sentido que a pesar de todo, parezca que nos conocemos. Quizá lo hacemos. Quizá ya hemos bailado en mis canciones, sintiéndonos únicos cuando hemos viajado juntos sin movernos del sitio. Tú leyéndome, yo desnuda escribiéndote. Juntos, en un mismo instante. Porque al fin y al cabo, soñar todos soñamos. Y es cuestión solo de tiempo, encontrarnos.

 

Tampoco te he dicho que mucho después, en eso que llaman tiempo y se mide por años, por el paso de las estaciones y eso de ir quedándose en un cuerpo cada vez más grande, en un mundo cada vez más pequeño, mas convulso, más dormido, más ajado… Sigo sintiendo el calor de ese pequeño mundo en mi interior, ese mismo que veo en ti cuando te miro aunque tú no te veas, ese que a veces presiento cuando me siento, ese que se derrama en letras, ese que aprendí a respirar cuando respirar era dos veces. Una para vivir y otra para sobrevivir.

Ese que sigue sintiendo el asombro por las cosas cotidianas, la misma fragilidad cuando todos nos sentimos ese juguete roto, como si nada lo hubiese cambiado, como si el paso de los años no lo hubiera tocado, aunque a veces haya sido testigo de guerra y paz, querido y maltratado, olvidado y cultivado, creciendo entre libros, a veces callado y asustado. Aunque a veces haya sido nieve sin invierno si, y desterrado al cajón de los sentimientos olvidados.

 

Quizá tampoco sepas que cuando quiero, aún camino libre por las nubes y que floto y río como si mi corazón estuviera entero, que me pierdo entre el viento. Que puedo caminar desnuda entre el fuego sin quemarme porque mi piel está hecha de suspiros y besos de agua. Que sigo creando del tuyo, especialmente cuando duermes en silencio, pequeños y escandalosos mundos cuando mis pies te bailan desnuda y despeinada en la cocina, cuando amo y beso la lluvia del asfalto, cuando antepongo el amor y la esperanza en forma de susurros y suspiros a cualquier voz que se alce con afán de destruir mundos y levantar muros.

 

 

Lo que si te he dicho, es que si. Que todo es posible y que el amor todo lo cura. Que sigo siendo ese mechón de pelo que juega entre mis dedos cuando busco, siempre que quiero y donde quiero, que salgas a mí encuentro... Esa mirada perdida y a veces distraída y a la vez tan encontrada, llena de un brillo propio de quien aún cree en cuentos de hadas, que sigue el vuelo de mariposas y luciérnagas donde otros ven fantasmas, que cree que juntos podemos cambiar el mundo, que cree en mi como el mejor modo de apostar por ti. Que solo así, puede ser feliz.

Y que para todo eso, no necesitamos viajar muy lejos. Tan solo mirar desde dentro, y sentir que es aquí todo lo lejos de mi que quiero estar, sentir que eso es todo lo más cerca de ti que quiero estar. Libres y viajeros, entre el amor que te guardo entre mi pelo y tu pecho de cielo. 

 

Porque querido mundo, querido tú… Nunca te dije que te hice mío, sin entenderte ni comprenderte, sin querer retenerte, sin saber tu nombre, sin dejar de imaginar y creer que eras tan grande y posible como inalcanzable, sin dejar de verte en esa luz miel al amanecer, sin dejar de buscar el modo de que siempre fueras más bonito y borrarte a saliva y besos cuando tantas veces fuiste cruel. Te hice mío como quien ama de la forma más pura, aceptando todas tus caras, todas tus lunas, todos tus cielos, hasta los no permitidos, todos tus desvaríos, todos tus destrozos, todo tu dolor y atesorando tus sonrisas, todas esas muestras de amor que nos regalas. Esas que cada mañana, con la primera luz de la madrugada, se visten de verdad, esa preciosa oportunidad. Oportunidad de viajar allí donde nuestros sueños despierten, esos que cuando aún reina el silencio y sientes más la pasión que la obligación, precipitan sobre tus deseos invitándote a subirte al vaivén. Haga lluvia o haga sol, decidas mojarte o no, elijas quedarte en el andén o descarrilar el tren. En ese viaje de ida, que todos llaman vida, y que yo tantas veces tan solo te llamé, amor.

Porque siempre escuchaba que vida, no hay más que una. Y quizá para mí, nunca eras. 

 

Quizá me dirás, que con el paso del tiempo, debí aprender a ser, a llamar a las cosas por su nombre, que quizá debí haber sentado la cabeza, haber sido todo aquello que me dijeron debía ser, que se esperaba de mi. Y quizá lo hice. Quizá lo que nunca te dije, es que lo hice sin dejar de esperarte, sin dejar de buscarte, sin dejar de soñarte, sin dejar de amarte. Aún cuando hasta tú, vida, me abandonaste. Cuando me dejaste sola en este mundo y la cruda verdad me obligaba a llamarte dura realidad. Cuando ahora a veces vas tan rápido y tan despreocupada que apenas puedo seguirte y necesito detenerte, mirarte con humilde descaro, darte un abrazo repleto de historias y retener el momento como quien no pide más. Y sentir que aquí, allí, bajo esa farola en la que llueve, donde ahora estés, no hay nada más importante que eso. Tú.

 

Quizá me digas que la magia no existe, que el mundo es otra cosa, que volar es solo cosa de mariposas, y que los pájaros solo vuelan en el cielo, pero puede amor, que aún no te hayas dado cuenta, de que el cielo está aquí abajo, cuando lo toco, cuando estás a mi lado. Y que para volar, solo necesito creer. En mi, en ti, en esa canción de cuna olvidada, en esa melodía de amor recordada, en ese corazón aún palpitante lleno de golpes y heridas mal curadas, en ese huracán de pasión a batallas jugada entre las cuatro esquinas de nuestra cama, en todo aquello que queramos creer y que existe solo porque ya nos hemos pronunciado.

 

Y es aquí, cuando hoy, tiempo después, hoy que me faltaba la voz y el color para hablarte, esta es la única razón por la que tantas veces te invito a soñar, a que seamos parte de esa aventura, no importa si somos de aquí de allí, amigos, amantes, desconocidos, cuerdos o idos. Soñar es todo lo que nunca debimos olvidar, porque ahora sabemos que es el lugar más bonito donde poder estar. En ese lugar donde el tú y el yo se besan, donde las almas crean un mundo de sentidos y nos hacemos juntos, marea… Marea que nos inunda y llena bajo un eclipse de luna, que te hace llorar con un verso, ser de piel, de lobo, de carne y beso. Eso que sabes que ocurre solo cuando la vida llora, y tú con todo, llueves.

 

Así que querido mundo, querido tú… Ahora que ya sabes un poco más quien soy, que sabes un poco más de mi, hoy, te pido perdón por el día en que no te quise o supe vivir. Por si un día yo también te abandoné, por si olvidé que soñarte es la única forma de encontrarte. Y te doy las gracias, a besos, por leer mis lágrimas, mis sonrisas, mis suspiros, por posar tus ojos un poquito sobre los míos, por hacerme siempre levantarlos hacia el cielo, por soñar por mi, conmigo, por hacer que la vida, a tu lado siempre sea eso, sueño.

 

Sueño…Tú, que me miras como si no perteneciera a este mundo. Yo, que te abrazo como si te fueras a acabar mañana. 

Tú, que no sé si aún me sientes, yo que solo quiero gritar que siempre te espero. Para encontrarnos en el mismo cielo. 

Yo, que siempre quiero, aunque a veces no acierto. 

Porque sé, solo sé, que entre errores de amor, solo hay aciertos de bien. Solo motivos reales hacia ese viaje que todos emprendemos cuando deseamos. Cuando somos libres...

Ese mundo nuevo que al final todos perseguimos, lleno de sentidos, de emociones, donde todo sabe mejor. El lugar más bonito para vivir, el sueño que estás dispuesto a construir. 

 

Hoy, viajemos juntos y desnudos, para encontrarnos en otros mundos, en otros cielos, en todas esas realidades que llevamos dentro. Se que ahora me sonríes… porque sé que no me esperabas. Cómo ibas a hacerlo si solo y tanto, estabas en mis sueños…

Pero has de saber, amor, que yo siempre te sueño, para viajar a la luna o a la habitación de al lado…pero contigo, siempre contigo. Como en esos cafés, en los que no somos dueños de nada, y a la vez del todo. Viajeros en nuestro tiempo, libres, donde no necesitamos más nada, tú allí donde estés y yo aquí, en esta baldosa parada. Con esa misma voz que llevamos dentro, esa que a veces dormimos, a susurros, a suspiros, sin saber que de tanto en tanto nos habla…

 

Esa misma voz que tú y yo hoy, hemos dado vida entre sueños, deseos y caricias, esta noche en nuestra cama. 

 

 

  

Mai

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