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La huella que deja, tu aire en mi piel​

Mai - La huella que deja, tu aire en mi piel

Acariciarte. Como si aquella canción dijera otra vez aquello de.. te quiero en mí, en ese cielo, dibujando primaveras. Que somos polvo de estrellas…tan solo una estela flotando en el aire. Triste locura, estrellada entre aceras, prisionera en la noche y sus ojeras, en todas sus emociones, sin censura.

¿Alguna vez el aire te ha traído un aroma que no esperabas y de repente te ha llevado a un lugar donde ya habías estado? …¿A un abrazo de nostalgia, de amor, de felicidad? …Como si estuvieses ahora allí, en aquel mismo cielo, contando las mismas estrellas y él te acariciara? 

Es bonito cuando apenas estrenando la mañana recibes un soplo de aire así. Sin aviso. Lo justifican todo. Lo compensan todo. Lo acarician todo. Son tan urgentes que se sienten inevitables. Respirar se ha vuelto difícil, sonreír tiene más de efecto que de causa, caminar duele como duelen las emociones que visten huesos rotos, sentirse grande se reduce a ocupar una pequeña baldosa en este mundo de gigantes. Pero vivir es entre muchas cosas, inevitable. Y aún nos guarda su aire lleno de sorpresa acariciándonos cuando lo olvidamos, aún nos regala esos momentos que quizá ya nunca más seremos, pero fuimos. Y que nos recuerda que aún vivimos, habitamos y respiramos en aquellos corazones que aún nos aguardan. Y entre ruidos y prisas en las calles, parece que uno no puede quedarse ahí, ensimismado, en su dulce locura, viendo, oliendo y sintiendo todo eso que la brisa trajo y dejó en ti, invisible pero tan intenso.. Parece que uno no pueda permitirse pararse a vivirlo porque con ello interrumpe la vida y la prisa,  porque alguien decidió que ya no lo mereces, porque ya no te atreves, porque ya no sabes quién eres, porque te ves ridículo en un mundo al que no perteneces aunque tus latidos no puedan ya ser desterrados. Quizá es por eso que la vida cura, te detiene y te sopla a su aire y su manera, te toca una y otra vez su misma melodía, mientras tú te bailas y meces en tu sueño en tu pequeño espacio de recreo para tus sentidos.

Y ya ha dejado de importarte eso de llegar y tarde, a ese otro lugar donde en realidad no quieres ir ni estar, porque lo que de verdad deseas es quedarte ahí donde justamente estás. Al menos un ratito más. En tu feliz, pequeño y gran metro cuadrado de sueño, de ese suelo que hoy es para ti, el cielo. Donde quizá no tengas nada más, donde todo duele igual, donde todo sonríe igual, donde quizá tengas que estar para tocar, besar el suelo, sentirte y saber que existes y vives. Tomar conciencia de que tu piel es solo eso. De aquello que la estremece.

Es así. Hay cosas que no se pueden tocar, hay cosas que no se pueden ver, ni oler, ni escuchar. Pero existen solamente porque hablamos de ellas. Porque las tomamos del aire y las hacemos nuestras. Porque les ponemos palabras y les pintamos emociones. Porque las hemos sentido. Si. Estoy segura de que tú también sabias a qué olían las nubes, a qué saben los besos que no se dan, o a cómo se mira cuando se mira por vez primera…Estremece pensarlo.

Así que mientras tanto, mientras dura nuestro delirio, pienso que aún hay esperanza. Cómplice en el guiño de algunas miradas desconocidas, que al paso sostienen la mía. Y que quiero creer, que han entendido este baile y por eso me devuelven la sonrisa. Y sí. Yo tampoco sé en qué momento se dejó de perseguir esas cosas intangibles o inexplicables. O en qué momento alguien se atrevió a ponerles nombre, porque yo no.

Porque… cómo explicar qué en un segundo fuimos víctima de un huracán de emociones, desencadenado por alguien que quizá se dejó la puerta abierta y la corriente hoy, caprichosa, quiso que el aire me trajera tu aroma y yo temblara en una baldosa sin fin. Entre mi piel y tu piel.

Acaso quien dice que los huracanes son improbables, ¿nunca se enamoró? ¿Nunca se emocionó? ¿Nunca sufrió? Nadie que vive un huracán improbable, te habla de imposibles. Quizá por eso, alguien decidió también que solo existe lo que tiene nombre, lo probable, lo que se puede tocar, lo que se puede explicar, lo que ves, lo que a primera vista parece, lo que ya existe..y ¿Acaso tú, a quien hoy recordé, te soñé en este minuto de aroma transportado, no existes aunque hoy no estés aquí? ¿O aunque aún no tengas nombre? Existes, sí. Y si no lo hicieras, ahora ya lo sabes, porque yo te inventaría…Donde por mucho que digan, aun nada está escrito, mientras la esperanza llene los vacíos. Mientras haya una palabra más...Que para eso están también las palabras. Para inventar lo que aún no está escrito. Aunque salga de un suspiro y se pronuncie suave y en bajito, con pocas letras y mucho aire hacia fuera en un ahogado...suspiro.

Asi que por todo y tanto, por haberte soñado. Mirado un poco más allá. Un poquito más alto. Con esa misma mirada en que hoy te retengo, porque piel ya no tengo. Con menos miedo de quitarte la ropa cuando la brisa te acaricia, como en mi mañana de hoy. De esas cosas que dicen que no se pueden tocar si no están. Por todo y tanto, existes en mi. Existes ahí. Tan dentro. Como las buenas canciones, esas que por mucho que se versionan, nunca cambian, se transforman…Y siguen siendo ellas, igual de buenas, llegándote dentro, con toda su esencia intacta. La esencia de las cosas, del alma, de las cosas que importan, de esas canciones… Las que te siguen tocando sin ponerte un dedo encima.

Debe tratarse de eso. De lo que vivimos, lo que dejaron a su paso, de lo que dejamos de nosotros en ellos... De lo que aún nos queda por descubrir. Debe ser eso. Porque de lo contrario no me explicaría por qué sigo aquí, impregnada en ese aroma, en ese recuerdo, a esa canción pegada y...Touché.

¿No será que es así como quizá deberíamos agarrarnos a las cosas, aún sin entenderlas? ¿Solo porque nos hace feliz sentirlas? O simplemente, sentir… Y soñarlas, mientras recorremos el camino con esos sueños de la mano, que pueden hacer de tu hoy, algo nada de rutinario y sí mucho de sentido.

Acaso el amor, la tristeza, la ilusión, el dolor y la felicidad…¿Se pueden tocar? ¿Y sin embargo no son las cosas que mueven el mundo? Las que crean mundos mejores, aunque sean pequeños instantes y que empiecen como el mío hoy, con una caricia de aire culpable de que tú existas en mí, para que tú y yo existamos…para un nuevo comienzo, en este soplo de aire fresco que nos regala la mañana. Ese del que solo saben, quienes creen todo en los principios, y nada en los finales. Ese que empieza cada día entre las sábanas y nunca sabes dónde acaba. Ese que empieza en un simple aleteo en tus pestañas y nunca sabes en qué cielo un huracán de emociones desata. 

Qué verdad, que cada uno encuentra el cielo donde quiere. O donde puede. Quizá por ello estamos  hoy aquí. Envueltos en esta brisa. Reviviendo el cielo, ese que te regala el amor, el dolor, el sol..Ese que se cuela entre nuestros dedos aun entrelazados.

Rompe el corazón contra el sol, como en aquella canción. Porque por todo y por tanto, no somos de nadie. Tan solo presos de un verso. Tan solo huellas del aire.​

Mai

Maider Alonso 2016 Todos los derechos reservados. 

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