La Flor a ti debida

Dicen que aquel invierno fue de un frío insoportable,

de un temblor nunca visto.

Que los amaneceres nunca vieron ya el azul del cielo.

Que todo quedó mudo y en esa heladora quietud,

los pájaros murieron de amor.

 

 

Recuerdo aquel frío.

Aún llueven sobre mi,

copos de besos

de sueños

de caricias

y me dejo tocar por ti,

como el invierno aquel,

eterno,

inmutable,

cayendo lento por mi espalda.

Aquel en que los pájaros cesaron su vuelo

y la esperanza quiso huir.

Pero tus alas rozaron antes mi pelo,

tus dedos provocaron en mi el deshielo,

a caricias por mi piel

como la flor que nunca fui.

Un latido después,

la vida tembló en mis labios.

Y el deseo, corrió por cielos inacabados.

Donde nunca  antes nadie.

Donde siempre tú.

 

Dicen que ahora ya nada.

Que todo dura lo que dura un invierno entre los dedos.

Pero yo aún guardo todo el calor entre mis manos.

Y se agita inquieta a veces la vida en el cristal de mis pupilas.

Pero pasan los años y yo sigo susurrándote,

sujétate fuerte el corazón,

que no quiero que pases de largo, amor.

Ni volver a sentir la tristeza de la oportunidad perdida.

Ni la esperanza muerta.

Ni la pena latiendo cerca,

aunque a veces,

la agito y nieva. 

Mai Alonso - La Flor a ti debida

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