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Floreces y no es abril

Mai - Floreces y no es Abril

Hay besos que se dan con la memoria. En el azul zafiro del cielo de una boca. Anocheces. Con el último sol acariciando los charcos, con el sabor expectante de la vida rozándote los labios, perdiéndote íntima bajo las últimas gotas de lluvia tardía, despidiendo el dia, cayendo mudo un pensamiento, cómplice de la palabra callada. En ese silencio donde se esconden los mas bellos secretos del corazón. Ese silencio que se crea y se respira como si de pronto el tiempo se hubiera detenido. A veces donde uno menos lo espera, a veces donde sencillamente, nos estaba esperando. Ese silencio. Difuminado en esa bonita luz y el reflejo miel del atardecer que invita a deshojarse en el papel.

  

Anocheces. Fría y de invierno, lluvia de marzo. Retumbando cálida y rompiendo sobre el cristal de tus labios. Esperando que tal vez el azar termine pintando tus cielos de color arcoíris en la noche, y lo que aún no sabes es que mientras llegas y esperas sin esperar, bajo tu paraguas transparente se abre un equinoccio anticipado, sin preverlo, sin saber que también entre desconocidos vais a sentiros a la misma distancia del sol, bajo el abrigo de la luz proyectándose por igual en ambos mundos. Mientras el día dura lo mismo que la noche, y una estrella recorre el cielo de lado a lado, que es lo que duras sin haber llegado, que es lo que duraremos cuando brillemos, contigo a mi lado.

La lluvia cesa. La bonita luz del atardecer invita al reflejo de dejar caer uno a uno todos los pétalos que cubren los tejados. A que llueva de verdad. A que la verdad sea cierta. A cruzar esa puerta, a dejar el ruido fuera, a que llegue la primavera, a entrar dentro contigo, a que si no es contigo tampoco sin ti, a contigo dentro, donde vas a descubrir que hay más mundo detrás de esa puerta que se abre ante ti.

 

Cruzas. Pasas. Quizá tenías que pasar. Y cuando pasas se corta hasta la respiración de las miradas. Y lo que pasa, sencillamente sucede. Sonríes perenne en el lugar más bonito del mundo. y susurras lento tus labios en un café tan breve como un suspiro. Entre flores, mesas de madera, lamparas caprichosas que iluminan el ambiente entre sus luces y sombras para ser parte en la historia que se va a contar, formando parte de las emociones que se respiran y que siempre vas a recordar.

Porque así se respira. Se respira emocionado, la luz de pronto se ha vuelto intima, la voz viaja en murmullos, y llega a ti suavemente, como esa caricia suave y susurro lento que te roza al oído. Que se pare el tiempo aquí. Rimado en pausas donde solo se respira silencio, un silencio que grita a vida, a letras en servilletas, a voces escapando de las páginas de una libreta.

 

Fuera ya no llueve. Dentro, llueven aplausos y emociones contenidos, llueven versos donde se puede tiritar sin prisa, romper la sorpresa en cada una sonrisa. Y así, sus voces dan paso a la nota que acompaña versos recitados, palabras robadas y en el aire, lagrimas furtivas, emocionadas y sentidas, contagiadas al acorde acompasado de las cuerdas que una guitarra, entona la vida haciéndonos poesía.

Y tu silencio estalla en mil balas de amor. Como si al mismo tiempo te escuchara decir un dulce quédate y cierra la puerta, que hay mas vida dentro que fuera.

 

A veces se dan encuentros mágicos entre personas, entre una banda y su publico, entre unos y otros. Juntos no tienen limites, y el amor que comparten es eterno.

 

¿Has sentido alguna vez esa conexión? Ese modo tan intenso, esa sensación de amor en el pecho? ¿Ese mágico silencio que lo llena todo y ese sentir en el que te ves embriagado por el aquí y ahora? Ese sentimiento que te hace sentir que perteneces a este mundo y el mundo te pertenece a ti?

¿Has sentido alguna vez que ese encuentro se daba contigo mismo a través de todos tus sentidos? Quizá, …dímelo tu.

 

Quizá es difícil pensar que podemos encontrar el silencio en medio del ruido. Y quizá ahí está el asunto. En no pensar. En cruzar esa puerta que abre una voz, en cruzar sin pensar más allá de lo esencial e invisible a los ojos, en cruzar y después solo sentir. Sentir que uno no es de donde pisa sino donde se estremece. En ese pulso irremediable, en ese silencio que late con la vida, cuando sientes que quizá de ser, deberías ser menos cobarde de lo que dicen tus letras cuando te escribes cartas que en verdad no llegan a ninguna parte. Y al hacerlo, sentir que te conozco de siempre aunque hayas llegado tan solo hace un rato. Que quizá aún no sabes que eres medianoche y la puerta sin abrir. Que quizá tampoco sabes que aún no has llegado pero ya eres la del cuerpo de flores del mes de abril, y que como en esa canción aún por descubrir, borras las marcas en esta guitarra que hoy no dejan cicatriz.

 

Quizá ha llegado el momento de besarnos y ver a qué sonamos. De arroparnos con la piel que nos falta, que la que nos sobra solo entiende de motivos y en cuestión de ti, nada debería estar de más si después no vas a echarte de menos.

Y ahora que me has escuchado, ahora que te has encontrado, sabes que podemos desnudarnos sin miedo y mostrar las cicatrices mal curadas, asomarnos a los precipicios llenos de vértigos que no podemos evitar querer ver, o sonreírnos desde la herida, a saliva y caricia, porque no somos tan distintos cuando de amar se trata. Quizá ha llegado el momento de deshojarse la piel, sin miedo a ser primavera.Sin miedo a perderte en tu silencio, a que el silencio calle para siempre el susurro del viento, ese silencio tan lleno de ti en el que tan poco te has escuchado, o en el que quizá tantas veces te has ahogado. Depende de la cantidad de cielo que tus labios de los míos, aún no hayan probado.

 

Mai

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