El breve instante de un siempre

​ 

 

 

A veces,

tengo el sueño aún dormido

mirando a un cielo extraviado

desempolvando besos aun no dados

abrazos sin usar,

heridas cosidas a dos manos.

 

Tengo una tormenta de azules apagados 

el pelo de viento despeinado

un pulmón sin aire 

un vacío que no llena,

un pecho en pleamar.

 

Tengo la suerte de mi lado, 

tu estrella, tu piel, tus labios

tu tierra firme para mis naufragios,

mis alas de pájaro. 

 

Tengo el tiempo sujeto en una mano,

la certeza absoluta de su fugaz permanencia

y la brevedad del placer recorriéndome juntos la espalda,

en un escalofrío.

El cielo,

 temblando en todos mis pestañeos

y el dulce desvarío de tus labios sobre los míos 

conjugando el verbo amar.

El tiempo presente.

El instante que va muriendo entre las manos 

la intensa brevedad de tu roce,

lo que tardas en parpadear.

Después, se va.

 

Te vas. 

Dejando recuerdos etéreos, 

fluidos, 

habitando aún estos latidos

y el calor contenido en el deseo,

empezando a despertar.

Amanece y los sueños enmudecen.

Piden a gritos volverte a soñar.

Pero el susurro desgarrador del corazón

es todo lo que permanece. 

Todo, 

hasta que asoma a tus pestañas

 el tiempo justo para desempañar la realidad

y recordarte,

que a veces,

—siempre—

hay que darle cuerda 

al tiempo que te ancla las rodillas a la pena,

 al hastío, al miedo, a la desidia, 

a la caricia perdida.

Hay que aflojar los dedos y echar a volar 

el tiempo que no volverás a sujetar.

Romper el silencio,

abrazarte fuerte a tus miedos

y estallar el dolor en mil balas de amor.

 

A veces,

hay que gritar para despertar.

 

Mai Alonso - Poema sabado

Una Marca Personal de