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Donde el corazón te lleve

Pensar en cómo crecen los arboles, es un modo de encontrar la luz. Esa luz que inunda cálida el espacio entre tu corazón y tus brazos, cuando se abren hacia el cielo. A veces somos árboles de grandes ramas y raíces pequeñas, pudiendo ser derribados por el fuerte soplido del viento de la vida. A veces somos de grandes raíces y pocas ramas, no dejando espacio para que la sangre alcance los brazos sin sentir que nos ahogamos. Y solo cuando en igual medida nos entregamos a la vida, estamos sobre todas las cosas y en todas ellas, sujetos a la tierra con un fuerte sentir y rozando el cielo al mismo tiempo con la yema de los dedos. Y quizá sea cierto que en ese encuentro, quizá solo así, cuando se nos abren varios caminos a elegir y no sabemos cuál recorremos, podamos elegir sentarnos, y esperar. Aun cuando todo, hasta el mismo cuerpo, nos pide a gritos, huir. Esperar, y respirar con la misma intensidad y confiada manera que tomamos aliento cuando vinimos al mundo, llorar si hay que llorar, gritar por salir si hay que salir, pero esperar, sin quietud, con esperanza. Esperar sin abandonar, aun con miedo, con el corazón quieto y en silencio, hasta que él nos hable, vehemente, con ese susurro dulce y leve. Y solo entonces, volver a levantarte y caminar, donde el corazón te lleve.

 

 

A veces, sueño despierta, con las pupilas color hielo, sueño que soy yo quien camino por mi propio bosque, buscándome en ese lugar donde los árboles besan el cielo, sin rumbo, desnuda y perdida, tratando de encontrar la medida justa en esta vida, a mis pequeños pies descalzos. Con tan solo la luz suave de la mañana iluminando el sendero. Con tanto miedo y frío que olvido que ya ni respiro, que solo camino cada vez más deprisa, sin apenas ver ni sentir esa bonita luz dorada y azul que tanto nos gusta, con la respiración cada vez más contenida, con los brazos abrazándome hasta hacerme daño, no sé ya si de tristeza o frío, pero con el deseo desbocado de encontrarme en el camino, de encontrar el modo de volver a casa, rendida en una piel que solo sabe hablarme una y otra vez de ti y que tantas veces, tiembla cansada por miedo a morir, por no poderte oír.

Camino sin descanso latiendo en una piel que sin saber, lleva largo rato caminando en círculos presa del miedo, abrazándome como si eso fuera todo lo que necesitara, mientras sin saberlo, sigo creyendo que voy hacia adelante solo porque mis pies no se detienen. Hasta que tropiezo y caigo, y rota, dejo de ver, dejo de sentir, dejo de recordar que todo está dentro de mi, que todos los caminos ya los he recorrido, que busco ir a un lugar del que nunca me fui. El amor por mi. Y es entonces, cuando aun de rodillas, con alivio levanto la mirada del suelo, me veo en ti y despierto al fin.

 

 

Una hoja cae bajo mis pies, cruje calladamente el tiempo suficiente para detenerme. Y es en ese momento cuando algo me dice una vez más, la vida sabe donde estás, que hay algo mágico cuando el corazón te habla y te toca, se acerca y te recuerda, que el tiempo pasa, que todo va y viene, todo vuelve a sonar y regresa, como ocurre con esa bonita canción que una y otra vez, de vez en cuando, vuelve a tu mente.

Como ese beso, cuya dulce huella aún permanece, y su suave calor aun late y esta presente. Como tú cuando aún escribes en mi corazón esos versos que se respiran lentos y se sienten, en el silencio. Como yo, que aún siento miedo cuando dudo, tambaleo, y no te escucho… Cuando no me encuentro, porque he olvidado, que en verdad, nunca me fui. Y que yo elegí vivir así, en esa piel sin ropa, que no sé vivir de otra forma, en unos pies que solo saben guiarse por el ritmo acompasado de los corazones, en canciones escuchadas una y otra vez como si fuera la vez primera, en ese baile y bucle de vida, en ese vaivén de emociones, donde el perderse es necesario, es necesario si deseamos encontrarnos, aunque a veces de tanto miedo, que no sepamos si avanzar o quedarnos quietos…simplemente olvidamos.

 

Olvidamos que siempre volvemos, que el tiempo y el espacio es relativo, que lo mismo  a mi manera, hoy fuera es invierno y en mi corazón primavera. Que sigo caminando porque el instinto me lleva, y que la vida sigue y flota, en la densa niebla que sube por mis pies como la marea, marea que abraza el temblor de una piel aún viva, un cuerpo que late entre el valor de seguir el aliento acelerado y el temor de quedarme quieta, sola y fría, a los pies del árbol que tantas veces me vio morir. Y de tanto miedo, despertamos.

Despertamos, volvemos allí donde somos, de donde venimos, sin saber que nunca nos fuimos, comprendiendo que irse no es tan malo, que siempre fuimos nuestros. Solo que no siempre lo recordamos. Tal vez, dejamos de amarnos.

 

 

 

 

Quien ama, lucha. Y nunca da nada por perdido, ni a si mismo. Tiene las manos llenas del aire que respira, sus labios sed de lo que aún nunca han sentido, y de pronto ve la luz, la llama prendida, la chispa que nace, el camino de pronto encendido. Y es entonces cuando uno comprende, que el corazón hace todo para poder encontrarte, para recordarte que aunque te sientas perdido, al final te hallarás en los mismos miedos que te hicieron dudar, porque en verdad, amor, tú nunca te has ido.No habrá batalla perdida mientras exista voluntad , mientras podamos desatar los nudos que la lengua no puede deshacer, a fuerza siempre de perseguir tu pasión, sin palabras, con el corazón. porque si hay algo que  el amor no sabe, es rendirse. y quizá sea cierto eso de que tanto en la guerra como en el amor, hay que mirarse de cerca.

Tan de cerca que puedas sentir que hasta podrías ver en tus ojos con tus propios ojos, besar tus labios, con los tuyos propios. Si tan solo, crees en ti. Y hoy puedo decirlo así, yo que un día, me vi morir. 

Pero hoy, hoy camino lento y en silencio. Tan lento que ya no se si vivo o sueño. Porque ahora que he levantado la vista y he estirado mis brazos, tú me miras y te he encontrado con ojos de cielo.

 

Y ahora que amanece, escucha lo que suena…¿Cuándo ha sido la última vez que te has parado a observar lo que piensas? ¿a sentir lo que escuchas? 

Lo sé. A veces el ritmo de la vida nos arrastra, tanto que solo nos deja pensar en sobrevivir. Y es entonces, cuando a veces, en medio de tanto ruido, uno siente necesidad de parar, de parar a respirar, y es entonces cuando esa sensación de pérdida nos acompaña, y sentimos haber perdido el compás, que no es más que la mínima expresión del ritmo, el lento tiempo detenido. Y lo que nunca  recordamos, es que eso, como todo de lo que estamos hechos, se repite a lo largo de toda nuestra canción, esa que nunca deja de sonar, ese compás, que siempre está ahí.

 

Asi que hoy, deseo que me mires de cerca. Deseo que bailemos. A nuestro ritmo, torpe pero tan bonito. Es preciso que lo hagamos, que nos perdamos para encontrarnos, en esa canción que lleva por nombre, una dulce guerra de amor olvidada. Deseo que lo hagamos. Como si nos conociésemos por primera vez. Sin prisa, sin tiempos, sin condiciones, con el peso de la vida a cuestas, con la inocencia de un niño,  con el sentimiento que no entendemos, con la torpeza de quien nunca ha sabido, con el amor de compartir el desvarío, el calor del encuentro en el espacio entre dos bocas, en una piel sin ropa.

Y que lleguemos hasta el corazón de este compas revivido, en este bosque en que hoy nos hemos perdido, en este donde nos besamos ene silencio, donde la propia vida nos acariciará en todos nuestros miedos, en todos los rincones y  huecos más heridos. Es momento amor , de hacer frente a esta realidad, de aceptarnos, de reconocernos, de mirarnos a los ojos, de ir en alguna dirección. Sin importar el rumbo. Busquemos mejor senderos de luz y pasión…que nos lleven hacia algún destino, un destino que no sea otro, que el delirio de vivir en nosotros.

Es  momento de que seamos tú y yo los únicos que demos sentido al mundo ahora, en esta oscuridad suavemente iluminada, íntima y nuestra. Que se haga el silencio para que nosotros bailemos.Que lo notes, delirantes. Aunque nos recorramos una y otra vez los mismos horizontes, a nuevos roces. Que lo sientas, en ese escalofrío que te recuerda sin decirte, que ya estuviste aquí mucho antes de irte.

 

Lo sé, tienes miedo. Yo también. El mundo nos romperá el corazón de muchas formas, pero nada romperá nuestro propósito cada vez que nos besemos en todos sus pedazos, sin olvidar que hoy estamos aquí, para bailar este último y primero de muchos bailes, para sentirnos y perseguir hasta conseguir, cumplirnos. No a promesas, si a intentos, a hacernos realidad cuando nos miremos a los ojos, de frente, cansados tal vez pero llenos de felicidad, de tenernos. Abrazados a nosotros mismos, sobre la alfombra, en este silencio entre los dos, entre la madera de una chimenea, entre tu piel y la mía, con sabor a vino y marea. A cielo y madera, a sendero y tu cuerpo.  Prometiéndonos amarnos sobre todas las cosas, antes de marcharnos, para volver a encontrarnos. 

 

Y ahora, elige canción por favor. Que yo tengo bastante contigo, amor.

Mai

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