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Blue Moon ​

Mai - Blue Moon

La pasión por el jazz se respira en las cuatro paredes. Y sin querer, todo huele a luna de amor llena.  El hombre del piano está a la distancia precisa, precisa para envolverte y hacerte olvidar por un momento de todo, salvo de ese influjo que parece ponerte la mano sobre el corazón y apretarlo el tiempo justo y con la suavidad exacta para encogerte y hacerte vibrar. Vibrar hasta estremecer como ocurre con todas esas emociones que se sienten al comienzo, anticipo de todo lo que vendrá después. Y así, en la suave penumbra donde la vida en ese instante parece quedar iluminada por una pálida luz de luna, apenas se empieza a escuchar esa música en vivo tan cautivadora. De eso color que la música nos inspira, En el color en el que brillas, que se abre en esa distancia que separan tierra y cielo, donde a veces bailas, tatuada a deseo, anhelos y sueños..Allí donde solo tú creas besos únicos, oportunidades nuevas y llenas, al borde del sabor del recuerdo, en el arte de tus manos que pincelan y escriben cómo salvar tu amor en tiempos revueltos. El hombre del piano toca ahora ajeno, a ojos cerrados al mundo y manos abiertas a la vida, que acarician las teclas como si volviera de nuevo a tocarnos muy cerca. parece estar tan lejos…y a la vez tan dentro. Tanto que nos va tocando, mientras poco a poco apenas nadie se mueve, solo asiente y siente, iluminados por La Luz de la luna reflejada en su piel negra y brillo del piano. en esa intimidad a ratos compartida, como si supieran que la vida es eso, un camino de luces y sombras. Dos opuestos que no pueden vivir el uno sin el otro. Desde la única verdad. Noche y día. Sol y luna. Luz y oscuridad.

Enmudeces de pronto. En ese silencio que habla sin palabras y a la vez resuena tan fuerte. De estremecido sentir, por todo aquello que se ha ido, aquello que has sido, tanto que no, todo lo vivido, lo que llega en un pulso, latido a latido sentido. 

Acaricias la mesa de madera, mientras entre tus dedos se arremolinan de pronto tantas emociones, sonando a un mismo color. Hoy eres de nuevo esa dulce y melancólica mezcla, del color del coctel de la triste luna ya tan conocido, ese cielo al atardecer que tanto te gusta, el horizonte al alba desde la ventana, el infinito del mar donde calmas tus mareas, la noche dolorida bajo una manta de terciopelo, y el cielo. 

Vas despertando quizá a recuerdos en su aroma, quizá en esa melancolía cargada injustamente de dolor que nadie entiende, quizá a felicidad saboreada en un suave paladar e intenso aroma a noche de verano.. Quizá no sea casualidad que lo llamen Blue Moon…

Quizá no sea casualidad que esta penumbra esté llena de luz y azul. Quizá no es casualidad que sobre la mesa descanse hoy, este anhelo y deseo de nombre tú, brillando en el reflejo de una copa de cristal, fría al calor tibio de unos labios que guardan tu amor, eso que ya conocemos, ese sabor y sentir rebelde de ese soplo fresco en las pestañas y el alma, ese salvaje y cálido en la nuca que nunca es calma. En esta mezcla de dulce licor vintage, tan cielo y tierra, tan cuerpo y alma.  Quizá no hemos pensado que el cielo es solo eso. Quizá no lo sabemos, quizá a veces no sabemos si lo que vivimos es paraíso o infierno. 

Pero el hombre del piano cede su asiento y mientras el mundo duerme, él mudo recorre el escenario, ese espacio que os separa, lentamente, decidido ante tus ojos confundidos, que no sé si brillan o arden, y susurra en tu oído como nunca nadie, como nunca tú... susurra que la música nos haga amar más, y que lo haga mejor. Pero ahora bailemos, pronuncia inevitable. Bailemos tu pálido caminar, más cerca del olvido que del encuentro, para que sientas cómo todo tu propósito te baila dentro. Bailemos, amor. Porque tú eres lo primero.  Y antes de poder decir nada, te susurra de nuevo….lo se, yo también te quiero. 

Te enciendes. Nos han dejado solos. Tú y yo de la mano, la música vibrando bajo, y la luz de la luna derramada sobre el viejo piano. 

Ya nada es sombra, todo es azul ante mis ojos, en ese pálido reflejo de los tuyos. Tu voz no me nombra. No hay mas luz que tu cuerpo, ni más sol. La otra luz es sombra nada más, y ella solo se mueve a tu paso.  Eres claridad que no se puede declinar, que ni cede ni abandona y aquí, en este cuerpo a cuerpo, alma con alma, podríamos decir que para siempre es de noche.. o para siempre de día. Y yo solo puedo tocarla y oírla. Besar sus palabras hasta que mi cuerpo se vuelve voz y a sentidos el alma, cuerpo y amor. En un lenguaje sin cuerpo, sin razón. En esa lucha, dos contrarios, cuerpo y alma, en un abrazo aliados. 

Baila, susurra con una apaciguada sonrisa. Maldito hombre del piano, su voz nunca se apaga. Siempre suena a cálido invierno, iluminado el torpe caminar de los desorientados. Susurra….No importa que no me veas. No importa que no te mire. A veces olvidamos que la luz esta muy cerca de nosotros, tan cerca como dentro... Y mi mano a tu izquierda, que es mi derecha, lo opuesto y hecho uno. Lo justo para sentir que te escapas por las grietas de tu corazón, y que cuando lo haces brillas e iluminas como solo un corazón roto puede llegar a brillar. No evites la sombra, deja que baile bajo nuestros pies. Deja que contigo se haga una y bailemos de nuevo bajo la luna.  Deja que ella siga tus pasos, no la busques al mirar atrás, deja que te acompañe... ¿O por qué crees que los pájaros despiertan cuando sienten la luz al amanecer? ¿Por qué la luz iluminará el camino pero solo en la oscuridad ves las estrellas?  ¿O esa llama que crece dentro, es llama mucho antes de hacerse anciana y ser luz? ¿Qué enciende la luz en ti? Tu vida, tu Arte o tu música dibujan tu historia, sea cual sea, el compromiso con la vida, la pasión y la libertad por ti, en ese conflicto tan intimo y tuyo, para hacer frente a tus propias contradicciones, pasiones y en cada ida, en esa búsqueda nunca concluida.

Baila, no pares…Quizá no es suficiente con crear un sueño, hay que hacerlo crecer dentro. Quizá tu eres la eterna posibilidad y quizá la vida es bastante compasiva y nos regala una posibilidad tras otra, una oportunidad tras otra. Te tiende la mano. Como el hombre del piano.

No digas nada y sigue bailando. No sientas vergüenza, no sientas temor. Levanta tus ojos y recuerda, hueles a amor. A luna llena de amor. 

No mires tus pies, que ellos miren siempre al cielo. Qué contrariedad me dirás, cada vez que te revolverás incómoda entre mis brazos. Pero quizá, o dímelo tú…El amor esté hecho de contrarios que no pueden separarse y viven sin cesar en ese lucha de encuentros y desencuentros, con uno mismo y con los otros. Esos contrarios, como si fueran planetas que orbitan las pasiones, girando alrededor de un mismo sol, como ahora tú y yo, cuando nos hacemos dos. Quizá  entonces llamamos eterno a ese momento, hacemos inmortal este instante. Pero no, somos hijos del tiempo, y moriremos. Aunque hoy no.

¿Será que quizá inventamos el amor como respuesta o excusa a la muerte? ¿A saber que mañana ya no estaremos aquí? ¿Será que por amor robamos y detenemos el tiempo cuando queremos haciéndolo eso...paraíso o infierno?

Se apaga la luz. El baile ha terminado. El piano sonríe cansado. Ahora si, todo es azul. Mientras cojo tu mano, nos adentramos en la noche a jazz gastada. A oportunidad bailada. Brillando con esa luna llena que sucede a una primera que no alcanza, que aun llenando el aire de cenizas nosotros   miramos con ojos de cielo. Amar la luz es fácil si. Amar desde la imperfección, desde la oscuridad, habla de algo más intenso, de esa entrega, de esa conexión que solo puede sentirse, con todo o nada. 

Y ahora que brillas así, muéstrame tu oscuridad. Como solo tú sabes. Con el corazón en un puño. Bajo el influjo de esas notas…tú. Oh, Blue Moon.​

Mai

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