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A palabras

Mai - A Palabras

Hoy amaneciste sola, muñeca rota, con el cuerpo dolorido, con el corazón de trapo, tan ausente de vida, abrazada a tu piel desnuda que llora a estremecido frío el pesado vacío de un necesitado abrazo. Hoy esperas ese nuevo amanecer, sin esperar nada, pero buscándolo todo.

La luz del alba va llenando la ventana, derrama mil colores en tu piel aún desnuda, mientras tu mirada y pensamientos se pierden en un ir y venir, en esta nueva mañana, con la mirada fija en la nada.

Hoy la luna te preguntó qué hacías ahí parada, tú que siempre bailas, apoyada en su ventana, tan rota como perdida, tan cansada como vencida y abatida. Y tú, envuelta en tu manta de amanecer y herida, solo has podido responder, esperar…  Con cierta tristeza y las alas partidas, abrazando una taza de café porcelana fría, como quien sabe que eso también es la vida. Una vida que a veces duele y tanto. Que otras acaricia y mucho. Un fondo de posos amargo a la vez fácil de endulzar con un poquito de amor y azúcar.

Una vida en la que no hay dos días iguales ni dos noches semejantes. Así te miras. Tal cual. Envuelta en un bucle que rompe contra la ventana, en la que apoyas los labios y el vaho insinúa un beso roto a gotas de cristal. 

Si...la vida llora de pronto, en ese musical a tres notas. Que los dos sabemos que la vida son dos días, y uno llueve. Que ayer ya llovió, y que hoy es siempre todavía. 

Esperas... porque sabes que llega más lejos quien quiere que quien puede. Y tú quieres. Quieres querer. Porque sabes también, que la felicidad es eso...una decisión, un sorbo de café dejado caer a propósito, entre el pecho y la espalda, llenando tu corazón tan agrietado como rebosante de vida. Insinuando el deseo en la espuma del borde de tus labios.

Pero hoy, en esa espera, sabes algo más. Sabes que eres más. Que ya nunca serás la misma. Ya no eres tan muda, ni tan callada, ni tan resignada, ni tan vencida. Que ahora eres palabras, ese corazón que letra a letra, latido tras latido, escribe y ha escrito su canción. Que vive a golpe de emoción, aunque a veces del impulso caiga, aunque a veces del mismo, vuele.

Que escribe ese algo imborrable que ya no puedes guardar solo para ti. Ese algo tan lleno de amor que pueda llegar al alma de quien solo pueda comprender, las palabras de un soñador. Sabes que eres más, que estás hecha de sueños, de pedazos, de alegrías, de tristezas, decepciones y sinsabores, y hoy, de sangre color café. 

Suena. Suena tu dulce canción. La escuchas, verdad? La escuchas porque te sientes bailar, lento e intenso, abrazada a esos brazos que hoy esperas que abran nuevos senderos, recorridos prohibidos, viejos caminos conocidos. Tan recordados, marcando el compás cuerpo a cuerpo guiados, así nos vamos. Juntos, perdiéndonos en el infinito tras el cristal empañado. Nos deslizamos, suavemente acompasados, a una, en ese roce cayendo por la espalda, en ese espacio entre dos bocas que nadie más llena, ni siquiera tú, luna. 

Esperas… Esperas a sentirlo, a perderlo, a mezclarte entre esa melodía sabor a soul y la melancólica cadencia de tus labios marcando ritmo por tu cuello, besando una a una las palabras que no pronunciaste, que quedaron en silencio en el mismo momento en que tu y yo, bailamos. Bailamos fuertemente agarrados, en penumbra, envueltos en la luz en que brillas, en que estás tan llena de vida. Y le miras, con mirada tan segura de seguir la suya, sus palabras a susurros al oído, el empuje de la vida en tus caderas, a intensa marea. 

Esperas… En la quietud y el silencio buscado. Esperas para abrazar la mañana sin medias ni tintas, a que tus ojos caigan y tú alma de gato por fin te acune y duerma sobre algún tejado.

A palabras. Hoy cierras los ojos, los cierras de verdad, ves tu imagen en la suya y lo sientes. El instante. De haber vivido. De querer vivir. De querer queriendo. De decir, hasta aquí.

Hasta aquí. Que no quiero verte a lo lejos y tratar de alcanzarte, llegar a ti y sentir que te esfumas como el humo. Pero si lo haces, quiero seguir mirándote, con certezas apoyadas en incertidumbres, sin cadenas arrastradas por unos pies cansados, con la fuerza y la magia de desdibujar la realidad y escribirla con la sencillez pero fortaleza, de quien no tiene las mil respuestas. No todas las respuestas pero si todas las preguntas, en una paleta de colores esperanza y todos los sentimientos en la punta de una pluma.

Hoy, sabes algo más. Sabes que a ti te bastan cuatro palabras y tres trazos para decir que aun quedan motivos para poder vivir, todos, para poder ser y seguir siendo aquello que deseas ser. Quien siempre necesitaste y soñaste ser.

Hoy sabes que ya no puedes morir más noches si no es para renacer en todas sus madrugadas. Hoy sabes que ya no puedes volver atrás y dejar de seguir el rastro de una mirada que va dibujando futuros y creando realidades a tu paso.  Hoy, sabes algo más. Ni la pena te ha ganado. Hoy, solo el amor te ha vencido. Y por primera vez, te has mirado en el reflejo del cristal y has querido, has querido quererte, muñeca rota e inerte.

Suenas. Vuelves a vibrar. Tus dedos escriben pausados ese verso en que vuelves a soñarte. Pensando en ti como quien solo puede imaginarte, poesía. Poesía en ti misma, tú que puedes reescribirte y pintarte sobre lienzos en blanco a trazos de colores, bajar del cielo las estrellas más lejanas a los pies de tu cama, amar como solo tú sabes amar, y escribir a pulso las realidades más bonitas que solo tu sabes crear. Tú, que no te ves bonita, porque lo que te sientes es arte. Ese pulso desmedido e intenso, desbocado, que lucha por salir por cualquier lado. 

Esa eres tú. Ese reflejo que se posa y abraza y entrelaza corazones con lazos de seda y rosa, tú que te atrapas en tu profundo mirar, con tu torpe caminar, pero con tu fuerte instinto pese a todo. Ese que siempre baila, un dos tres y seguido. Ese baile que solo tu has conocido, en el que te has dejado caer,  y con el que has llenado los días de vida, llenado muchas horas de café bailado descalza en la cocina, muchas carreteras pensando en ti recorridas, muchos momentos vacíos de sentido y dormidos y de esa verdad que al despertar, tantas veces has sentido. 

Esa eres tú, que me acercas a tu corazón y me haces sentir el bien que vive en ti. Con esa luz tan pura capaz de alumbrar las noches mas oscuras. Tu que me miras más allá y más dentro de lo que cualquiera pueda imaginar, que aún sabes ver lo mejor y más bonito que hay fuera para poder regalar y mostrar todo lo que guardas dentro. Tu que siendo ya todo , sientes que aún no eres nada, que aún luchando contra mil adversidades, contra viento y marea, contra la pena, siempre supiste tener un segundo para regalar tu tiempo detenido, ese que crece en tu cintura de reloj de arena. Tú que naciste con el don de quien puede y lucha porque nunca se rinde. Tu que fuiste lo que mas quiero, tu que siempre serás tu.

Esa eres tú. Esa es ella. Esa que sin querer va contando contigo las partes de su día, de sus noches, de sus sueños... Hasta cuándo y cómo la han herido. Sus pequeños logros. Sus mayores miedos, todas aquellas veces en que lloró los recuerdos y que ahora guarda solo para si… En palabras.

Y se apaga la luna al fin, no sin antes decir…

Hoy, escríbela. Sujeta su mano, sujeta sus muñecas rotas, sujeta las palabras que susurren de sus labios, esas de las que está hecha, y bésale la frente para que al fin no tiemble. Hazlo ahora. Haz que el brillo de sus ojos cuando te mire, no se desvanezca, no desaparezca. Que no deje de mirarte con tanta admiración y ternura que no sepas si brilla, o llora. Pero ahora. Llénale a besos, la vida. Que ella es poesía, y hoy llueve. Y mañana es siempre todavía.​

Mai

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